Viaje. Tres palabras. Una entre muchas.

Estar a mitad de camino, en el centro de algún trayecto con las maletas abiertas de par en par ( como el corazón) y los ruidos de la noche ( como música que acompaña a mis pensamientos). Si me acuerdo de la palabra “cereza” sonrío. Hace un momento sonaba más dulce que su sabor.

Todavía guardo un alma vieja de niña traviesa que me insta a seguir jugando. Intercambiar cromos contigo es mi deporte favorito . Ya lo sé, no se puede sabotear el vértigo de la montaña cuando está en ti. Amurallar lo que uno es, puede atravesarte.

Miro hacia la oscuridad y solo veo el tenue reflejo de una silla, la cazadora que duerme o mi sonrisa acaparando la sala. A veces pienso que la felicidad es cuando uno no puede dormirse, pero no de preocupaciones, sino de emociones. Y entonces te vuelo otra vez a mi, así como las palabras, como una nube blanca que pasa por mi cabeza. Y te susurro: cereza, polvo, silla…

tres vocablos que hacen un viaje infinito.

Es un cuento que yo me sé de memoria y que podría modificar contigo para hacerlo más divertido, alterar el final, como se altera todo cuando te se y me sabes. O cuando nos miramos y se para el planeta.

Ya crecí, pero en la noche inmensa las palabras me tienden una alfombra , un balcón desde el que pensar y soñar.

: “¡más!- dice alguien en medio de la oscuridad

incansable, aventurera, soñadora. Esa resultó ser yo, entre otras muchas que ahora duermen.

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6 comentarios en “Viaje. Tres palabras. Una entre muchas.

Te escucho...

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