Mar de ella.

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Aquella tarde larga de playa,  extendida sobre la arena y con los pies jugando a trazar circulos de sensaciones, el sol se extendió caprichoso sobre su cuerpo y de pronto le atenazó una duda:

¿Si todos caminasemos desnudos seríamos más consecuentes – y por ende- más tolerantes con la diferencia?. Se respondio a sí misma de un modo afirmativo (porque así lo sentía)  auque no estaba del todo segura de que la perfidia humana se escondiese solamente bajo las faldas de un vestido o la bragueta de un pantalón.

Pensó en todas esas mujeres arabes envueltas en telas para esconder sus cuerpos, aquellas que se cruzaba cada mañana y que estaban educadas  para no salirse demasiado de las rayas. ¿Que pensarían de aquel lugar en el que ella filosofaba ahora por un rato y de cuando en cuando se alegraba la vista?

Caminó hacia la orilla y con algunas piedras formó la imagen de un corazón. Recordó a “sus” niñas arabes que crecerían bajo el influjo lento de esa tradicción por escuela. ¿Serían felices en un mundo occidentalizado? Confiaba en el espíritu tenaz de algunas de ellas cuando buscaban reliquias de basura en el patio, o en su capacidad esponja para discurrir por dos idiomas y sus palabros, como quien salta de piedra en piedra por un río.

Luego, despues de todo ese mar de bosquejos e ideas, se quedó un rato en blanco escuchando como las olas partían la tarde y cantaban profundo a los pescadores.

Solo recuerdo la emoción de las cosas.”- se le vino a la cabeza esa frase y lo que  un psicologo le dijo una vez en relación a que por cada emoción nuestro cerebro aplica  una imagen. Y pensó que ella debía tener tantas visualizaciones de esas que si un día saliesen en tropel  a volar, cubririan el cielo como un gran toldo multicolor.

 

Sacó de su bolso algunas galletas y se sentó a merendar. A no más de tres metros un hombre desnudo la miraba. Tenía gafas de sol y gorra pero el movimiento de su cabeza se lo hacía confirmar .

Por la orilla, asomaban de cuando en cuando esos cuerpos desnudos e imperfectos que ella contemplaba desde las gafas de la curisiodad. Cuerpos llenos de marcas y años, promesas y decepciones. Vidas distintas y únicas que se veían libres y salvajes y eso la hacía sonreir.

Aquello no era una pelicula ni ella una mirona enfermiza…  A decir verdad el como aterrizó en aquel lugar lo explicaba todo. Desconocía los limites entre ambas playas y consideraba una patraña dividir las ideas y mentalidades como si estuvieramos enlatando conservas diferentes.

La elección a la hora de colocarse ropa o no y el libre albedrío, eran de su agrado. Digamos que  hasta un poco la excitó. Que existiera la posibilidad de elección y que nadie urdiera sobre ella tramando unificar dos realidades irreconciliables . Porque si cada cuerpo era distinto, tambien lo era cada interior, para decidir a su antojo. Y nadie era quien para decir que o cómo se debía hacer esto y aquello.

La vida nos arroja para que lo descubramos individualmente y para que aprendamos a deshacernos de ambages y sutilezas de quienes quieren colocarnos porque sí otras mudas.

Eso fue lo ultimo que discurría por su coco mientras recogía la toalla y hacía recuento camino a casa. Como una firma, sus huellas se mantuvieron frescas algunas horas más sobre la arena, hasta la mañana siguiente, que llegó otro cuerpo desnudo  para broncearse. O quien sabe, quizás también para filosofar.

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7 comentarios en “Mar de ella.

  1. Creo que ir sin la ropa no seríamos más tolerantes, pero seguro que acabábamos perdiendo parte del morbo que da la ropa (alguna, un burka no, vaya). Me gusta lo que piensas, cómo lo piensas y el partido que le sacas a una playa nudista (o a la zona limítrofe, que no me ha quedado claro del todo). Deberías filosofar más. Besitos, Stunner

    1. Bueno si, la ropa da juego pero el morbo también puede ser de otro tipo, verbal más q visual… si todos andaremos desnudos nos reduciríamos a lo q somos, no habria ropa q mostrase un prestigio social, una ideología, un estilo determinado. Eso nos haría acercarnos sin este tipo de prejuicios, q los hay y montones.

      Digamos que en esta playita he desnudado mis pensamientos jejejej

      Era zona limítrofe (entendí)… claro q tampoco pregunte jajaj

      Besos 😘

  2. Nunca he ido a una playa nudista… Ya no creo que me dé por ir a estas alturas pero creo que todos deberíamos acostumbrarnos más a ver gente desnuda y a vernos desnudos nosotros mismos. Besotes!!!

    1. Alter, quien sabe?… eres joven y la vida da mil vueltas no?.
      Estoy de acuerdo, ver gente en pelotas te ayuda a entender que los cuerpos ni son perfectos como nos muestran en la tele, ni tienen porque serlo.

      Besos

  3. Es un texto conciliador y precioso Mukali. A pesar de tu aplastante lógica aún debemos respetar que unos y otros disfruten de la playa con comodidad. La propia experiencia me dice que se asume con normalidad, e incluso con agrado, la discreta presencia de nudistas en la playa. Un besazo.
    Pero si hace sol, no me busques porque no estoy.

    1. Verdad que si? A mí no me estorban ni me incomodan, desde luego… cada uno hace lo que quiere con su body.

      Pues q sepas q en pequeñas dosis alegra el alma y tiene vitaminas … jejejej

Te escucho...

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