La llegada a…casa.

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La noche se deja caer con su esquema de estrellas y desorden. Camina acelerando el paso, disipándose con presteza por las esquinas.  Ganas de llegar a casa. Ya casi. Ganas de acomodarse, de quitarse el día o lavar las penas. Suena en sus oídos el Eyes on you de los Kings… trescientos metros hasta el jardincito de la entrada, trescientos metros hasta el centro de sus deseos. La voz rasgada de Caleb sigue tarareando en los auriculares…”intento comprender el choque del mundo en la palma de tu mano. Ya sabes, nos sentamos bien. Huyamos de la noche”.

Suenan prometedoras esas palabras en la alcoba de sus pensamientos, entremezclándose y jugando con las conversaciones pasadas. La luna delgada y sugerente arrima su sonrisa canalla. Saca las llaves del bolso, y con la mano empuja la puerta colándose como una sombra entre la oscuridad. Sube las escaleras de dos en dos, ¿es impaciencia o es entusiasmo…?se deshace del vestido como si arreciase un viento déspota. Ahora, frente a sí, libre de amarras o secretos se ve natural y salvaje, genuína al estado que la transita. Tal vez si él la observase ahora mismo…, eso le gustaría,  saber que la charla se materializó de modo ardiente.

Frente al espejo unos dedos – los mismos que recorren los rincones de una piel- la reconocen. Son los suyos y de vez en cuando baila apretando  las manos contra la carne. Hace sacar notas que la enmudecen. A solas se bebe gustosa y reina sus posesiones. Aunque gusta de pensar que él pueda estar imaginándola,  en su defecto, tambien goza con la idea de estar viviendo lo que después pueda (o no) contar.

Enciende la ducha, el vapor se va colando lento por el habitáculo, envolviéndola como una seda húmeda. Primitiva y única, fugaz como  cualquier liquido que es derramado, se desliza hasta el chorro de agua para deshacerse aún más. Haciendo latir su cuerpo es esencia que no calla,  protesta en compases que la reducen a su propio capricho.

Quiere prolongar ese tiempo en que nada más que ella tiene sonoridad. Ese lugar indómito de apetito y atracón donde ahora seca a placer las partes, haciéndose entera de nuevo,  haciéndose devota de la comisura, de los labios estos y aquellos, del escondite o los cantos.

Va hacia la cama, se deja caer como una chiquilla, sin reglas ni orden escurre el cuerpo entre unas sabanas que la abrigan haciéndola entrar al pozo de sus fantasías. ¿Quien dijo que mente y corazón no debieran estar sincronizados?….

Sonríe al recordar unas palabras,  las de él… que se cuelan despacio entre los recodos del verbo y la vida ” No dejes entrar a nadie que no venere tu cuerpo, que no lo utilice como si fuera un templo…”

Es verdad. Ella ya lo ha descubierto.

Probablemente él también la descubra a ella.

A ella ¡como no! haciendo el travieso con la clase de chica de la que nunca podrá escapar.

 

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13 comentarios en “La llegada a…casa.

  1. Me ha encantado este relato erótico y sutil, en el que no has necesitado una palabra inadecuada para imaginar a la protagonista en la ducha y en el espejo haciendo sus quehaceres. Grande. Y la cita del templo, totalmente cierta. Besitos, Stunner

    1. Es que hay momentos del día que merecen ser extendidos literariamente hablando, como el de esta chica…me gusta precisamente por la dificultad que puede entrañar dar con el tema, pero quedo intenso creo yo… jejej
      La cita es fantástica.

      Besitos O.

      1. Quedó muy intenso, pero piensa en mi cara cuando voy leyendo e imaginándote llegando a casa para ver a tus peques después de un tiempo sin verlos y me encuentro con lo del espejo… 😛

      2. Jajaja, me imagino …ya sabes que no todas las historias están inspiradas en lo que vivo, algunas si, otras las invento de cuajo y la mayoría se inspiran mitad y mitad.

      3. Sí, pero como no pone al principio un “Basado en hechos reales” o “Todo parecido con la realidad es pura coincidencia” para ir sobre aviso… 😛

Te escucho...

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