Compendio del viajero: rarezas.

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No existen tierras extrañas, es el viajero el único que es extraño.

Y al leer esa frase, casi me veo. Limpia y cristalina merodeando alrededor de la prisa y los atascos, el caos y la urbe loca. Organizando este micromundo de maleta en torno a cuatro paredes e insuflándole bocanadas de optimismo para conseguir hacerlo cálido y favorable.  Cuando sales de casa con un nuevo destino, siempre dejas a un lado la holgura y te aferras, por el contrario, al capricho de la aventura y el riesgo. Con todo lo que eso te roza. Te permites el desatino porque andas sobre tierras que no son tuyas y durante las primeras horas, bebes agitación y cansancio…, estiras el tiempo como si se fuera a terminar.

Es importante que donde quiera que vayas logres adaptarte cuanto antes y si puede ser sin seguir las primeras impresiones. Te harás mapas que no tienen que ver. Nada es lo que parece en principio. En realidad, son los choques cerebrales entre lo que sabes y lo que el movimiento, te enseña.

La ciudad, como un libro, se respira despacio. Y hay que dejarse llevar a su corazón sin apremios, observándola lentamente en su trascurrir. Pensar en las situaciones como lo que son, experiencias que acaban curtiéndote y de las que un día, no muy lejano, acabarás riendo.

La subjetividad siempre ronda en los contornos del viaje. Al principio, cuando una conecta con el lugar nuevo, en forma de ansiedad e incertidumbre; y al final, cuando una lo despide, con ese sabor a melancolía y el valor emocional que se le pone a los buenos momentos que quedan en el recuerdo.

Es cierto que de aquí a poco espero contar el tiempo en este alojamiento, con el humor que merece. Ponerle el cachondeito que  otorga la perspectiva y la distancia. Ahora estoy ciertamente contenida – y jodida-, entreteniendo a las ganas de reirme, o de analizar tanta rareza junta, sabiendo que la queja no es una opción y que hay situaciones que has de vivir solo para asegurarte no volver a vivirlas.

Vaaaaa, no es tan grave el asunto, ….¿Quien no ha estado alguna vez en un motel de mala muerte? ¿Quien no ha pagado por tremenda desfachatez?. Todo el que ha viajado, lo vivido en sus carnes…imagino. En contra de sus espectativas porque nadie quiere pasarlas canutas voluntariamente.  La cosa es que ante una escena colindante de violencia o de sexo, siempre prefiero – si hay que elegir- la segunda. Al menos me asegura que a mi lado hay gente feliz… y no con ganas de gresca. De paso, me saca unas risas y me hace preguntarme si yo merezco oír esos diálogos dicotrópicos (por ponerle alguna palabra nueva). Ainsssssss…. Existen lagunas sexuales que una -sencillamente- prefiere no conocer.  Podría cabrearme pero no es el caso. La dueña está de suerte y en unas horas huiré rauda y veloz de esta serie de catastroficas desdichas, en busca de otra morada que me sea más acogedora. Y de nuevo vuelve a rondarme la frase inicial que saca de cuajo todas mis rarezas.

No existen tierras extrañas, es el viajero el único que es extraño.

Y digo yo… ¿Ahí es donde la mirada y la subjetividad se acoplan inevitablemente?. ¿Donde los lugares pasan a formar parte de nuestro compendio de rarezas?. Aún no lo se. Lo que sí estoy segura es que no hay que renunciar a esas extrañezas.

Ese diálogo personal entre ellas y el viajero, tal vez sea lo que nos hace únicos. En una palabra: nos hace SER. Y de paso, nos amplia la mirada entre lo que somos y lo que vemos a nuestro alrededor.

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14 comentarios en “Compendio del viajero: rarezas.

  1. ¡Qué preciosidad de reflexión, Mukali! Al leer tu texto recordaba un viaje que hice con mi pareja y mi hija allá por la edad media. Era un puente y resultaba imposible, a esas horas de la noche, encontrar un hotel libre. Terminamos durmiendo en un club de carretera con farolillos rojos y su buena docena de camiones TIR en la puerta: en la planta inferior estaba el bar en el que las mujeres entretenían a los camioneros, y la juerga concluía en la planta superior (en la que éramos los único huéspedes). Eran tales los gritos, risas y jadeos que no hubo forma de pegar ojo. Sin embargo, mi hija (cinco preciosos añitos por entonces) se pasó la noche aplaudiendo y diciendo que nunca había visto un hotel tan divertido. Rarezas… Un beso, guapetona.

    1. Gracias Carmen. Que gusto tenerte de nuevo por aquí.

      Me he reído mucho con tu anécdota. ¡Que bueno que tu chica solo tuviera 5!. Eso os libró al menos de explicaciones a fondo.

      Algo parecido me ha pasado a mi en solitario, solo que no es un club de carretera sino una casa de hospedaje. La verdad es que estoy deseando salir pitando, no es que me de yuyu…pero son varias cosas ya desagradables, a parte de los ruiditos. Y una paga dinero, para encima tener que soportar frescura al máximo exponente…

      Por cierto, yo también tenía que haber aplaudido anoche después del «espectáculo»…jajajaj. ¡Que viva cupido!.

      Un abrazo, compañera.

  2. Siempre sorprende la propia mirada cuando se llena de asombro ante lo inhaprendido. De nuevo una ciudad nueva poblada por viejos habitantes que, cuando te contemplan caminar por primera vez frente a sus vidas, no pueden evitar decir: ¡Mira esa es la nueva!. Un besazo.
    He disfrutado mucho con tu reflexión.

    1. Gracias Carlos. Tu primera frase lo resume todo.

      Siempre la nueva, …. es guay, no te diré que no…por el factor viajero y sorpresivo que me gusta. Aunque ya quiero asentarme un poco, siempre tengo que dejar todo cuando le he cogido una dosis cariño.

      Besos, Carlos.

      1. Ojalá suceda muy pronto que tengas una plaza fija al lado de casa. Entretanto disfruta de las novedades y de la variedad.Qué la rutina también se acaba por hacer pesada. Un besazo.

      2. Gracias Carlos.
        Eso procuro. Aprovechar estas estancias cortas para ver los lugares a los que me envían.
        La rutina la detesto. Me gusta ver, hacer y descubrir siempre cosas diferentes.

  3. Espero que hayas podido dormir ya en tu cama y que la próxima experiencia sea más satisfactoria. A veces lo que tenemos a nuestro alrededor da para guión de película. Un beso

    1. Ya si!!! la había echado de menos. Cuando uno viaja a menudo ya sabe lo que quiere de un alojamiento, claro que también nos podemos equivocar. En mi caso, no son grandes cosas, pero las minimas, limpieza, silencio y calorcita…eso para mí es fundamental.

      Ni que lo digas, ¡una se encuentra de todo! y no hace falta estar en un motel de carretera.

      Un abrazo, rubia.

    1. Pues no te la deseo… ¡vaya tela como está el personal!.. si que es incomodo y viniendo de la dueña, más… Curioso tambien, cuando yo era la única inquilina, claro que está en su casa! jajaja. No soy de poner la oreja en casos así, pero me formo la película facilmente.

      De todas formas si el hostal hubiera patinado solo en eso…fueron muchas y diferentes «cositas».

      Abrazo, Alter.

  4. Viajar nos hace abrir el punto de mira y aprender, aprender mucho. Que nunca nos falten esas experiencias!! (ya sean buenas y no tan buenas). Como dices, todos nos hemos frustrado al llegar al destino y encontrarnos con un hotel que no esperábamos o un ambiente raro… pero eso forma parte de viajar.
    Un abrazo, Lola 🙂

Te escucho...

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