Archivos diarios: noviembre 1, 2017

Los besos de carnet

 

Somos como niños traviesos. A la sombra de las encinas el sol se filtra con la temperatura exacta para dejarnos ser. Bebemos igual aunque seamos diferentes.  Sentimos que algo detrás de cada muro individual, nos une poderosamente. Ha de ser la picardía que nos sale de serie al descorchar los recuerdos que nos enlazan. Esos eslabones forjados a base de vivencias y amistad nos pertenecen casi tanto como las risas que ahora mueven el reloj sin que nos demos cuenta. En mitad de esta llanura, más allá de donde las vacas pastan y los ciervos merodean entre los pinos, encontramos el goce en las viejas costumbres, dejando que se nos cuelen lentos los deseos y traviesas las palabras.

Los instantes de oro son descabelladamente crueles porque pasan rápido sin que puedas atraparlos para siempre. Después no resultan más que materia de invención y carne de melancolía. Yo lo se y me entristezco por segundos, deambulando absorta en ese pensamiento. Luego vienen otras cosas y ya ,… todo pasa, todo acaba… hay que pescar el tiempo cuando viene rodado.

Estamos a mitad de una vida y el reloj prosigue su viaje, pongamos que los niños que nos precederán corretean felices por la finca inventando juegos. Nosotros hacemos lo mismo con las cartas que nos va dejando tras de sí los años:, la responsabilidad, la experiencia, o  el descaro de trasgredir cada vez con menos reparo la norma.

Ahora mismo esos miniyos ni nos ven, ni nos oyen…si lo hicieran sentiríamos su presencia como la sombra siempre vigilante de nuestros padres, pero no es el caso.

Ya nos van necesitando cada vez menos y -a veces- los dejamos que se las apañen. Crecer también es investigar a tu aire. Hay días que hay que relajarse y olvidar las costumbres del deber, las nuestras incluídas,  puesto que probablemente sean las peores.

Con las copas casi vacías, gallinas y gatos revolotean a nuestros pies buscando granos de arroz perdidos…Al fondo suenan las ovejas y de cerca mi pequeño altavoz nos trasporta, es la música que nos vió nacer y besar, con la que los obligo a levantarse y bailar.

En medio de un ambiente tan paradójico, puedo sentir el palpito agradable en el que el alcohol te va abriendo sus alas y te dejas mecer, sabiendo que la conversación y la charla van rozando cotas interesantes.

  • Sólo se que soy mala- les digo para provocar. Lo se y lo se. – ratifico cerrando los ojos y mirando hacia la mesa, mientras me sale sin querer la sonrisa.
  • ¿Porque lo piensas?- pregunta Carlos, haciéndose el interesado al tiempo que agota el ultimo poso de whisky.
  • Porque se me acaba de ocurrir un juego al estilo de aquellos que inventábamos los seis- Me mira … no necesitamos aclaraciones…
  • Fueron tiempos magníficos- añade Arturo- ¡aquellos tangas del mundial!… claro que ahora estáis más buenas todas.
  • Más buenas y más petardas que nos volvemos- ríe Isabel, giñandole un ojo a Arturo.

Les cuento mi idea, escuchan atentos los cinco. Sobre la mesa hay un montoncito de dnis con los que ayer acreditamos la factura de nuestra estancia en la casa. Todavía siguen  apilados ahí encima, como si la diversión de habernos reunido no nos hubiera dado tiempo a guardarlos, como si hacerlo nos condujese  a nuestra faceta más seria.

  • ¿Veis esto?- les digo enseñándoles los carnets. Como parece ser que no os interesan, pongamos que esta tarde cobrasen un valor distinto. Yo los barajo y cada uno de vosotros debe coger uno al azar. El que te toque es la persona que en suerte has de besar. Así de fácil. Cada ronda ha de ser ligeramente diferente. Por ejemplo la primera , podrán ser besos en los labios, pero la segunda no, la tercera ha de ser alguna caricia, la cuarta una frase al oído…
  • ¡Madre mía, Lucía!. Tu no eres mala, eres buenísima-  me dice Arturo con la ilusión pintada en sus ojos de media luna.
  • ¿ Y si me toca una mujer?- pregunta Marieta.
  • Pues te aguantas, deben ser besos abiertos, sin convencionalismos de ningún tipo.
  • ¿Y si nos sale nuestro propio DNI?- añade Isa muy ávida.
  • Habrá que inventar algo para eso- digo – Id proponiendo…
  • ¡Un streaptease, por favor!- exclama Javier muerto de risa.
  • ¡Ni hablar!se vuelve a barajar, – añade Isa, aunque a Marieta parece no importarle.

La tarde se vuelve lozana y el cielo cautivador, como una mujer u hombre que se dejan. Se posan  urgentes la nube caricias y el vientecillo de besos arreciando vínculos y dejando revolotear las mariposas que llevamos escondidas dentro.

Lo que suceda en este valle es nuestro, aquí quedará prendido,  junto con los ganados y  mieses que nada saben. Van cayendo besos, risas, atrevimientos… algunas bromas sobre nuestra edad en las fotos y  la época a la que nos lleva, lo que parecemos y no somos…

Más tarde cuando el juego ya ha acabado subimos a la torre y miramos al horizonte. Todavía llevamos la travesura cosida a la espalda mientras divisamos las primeras luces de civilización al otro lado de la montaña. Aquí se hace fácil vivir sin ideales impuestos. Da igual que no haya tostador, ni secador o que la wifi sea casi de chiste. Da igual que los besos por hoy se compartan, porque encierran cariño y esa es la idea.

A estas horas, los niños ya piden bocado y en el cielo arremolinado y dulce se prevee la caída de la noche. De aquí a poco organizamos maratón de duchas y una fiesta de disfraces con la que divertirse de nuevo, buscando ser otros un ratito, en este finde de apegos y roces .

  • Voy a recordar estos días mucho tiempo-  confiesa Javier.
  • Es porque lo hemos pasado bien, ¿verdad?- le refiere Marieta.
  • No exactamente, no es solo por eso.- añade Javier- Tengo la boca escocía porque solo me tocaron barbudos, ¡menudo desgraciado soy!. Me voy con vuestro recuerdo en la piel, que lo sepáis… ¡afeitaros ya, coño!.

 

Reímos. Detrás los momentos cada vez nos parecen más pequeños y adorables. Como el paisaje de Sierra Morena que va perdiéndose diáfano en la luneta trasera del coche, volviéndose borroso entre la nube de polvo que vamos levantando a la vuelta, sobre la pista forestal.

 

 

 

 

 

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