Touché!

Era aquel un día de agua en el chalet de Marta y las historias se sucedían. Pequeñas y minúsculas se esparcían por grupos, como racimos por la lonja. Eramos tantos que todavía el tiempo se resistía a separarnos. No había música, porque la melodía era un componer intenso, disfrutón, que poníamos  nosotros; amotinado a veces por las ganas de charlas y confesiones o el precipitar de las risas entre  manjares y alcoholes de la buena mesa.

Nos habíamos doblado en número, junto con los michelines y arrugas, habían crecido también nuestras responsabilidades. Ahora la felicidad la entendíamos de otra forma más practica,  que pasaba por el bienestar de esos locos bajitos dispuestos a sacar de nosotros hasta la ultima gota de imaginación y energías. Habíamos triplicado los bronceadores, llenado la piscina de manguitos y artilugios e incluso ensayado el correturnos de vigilancia para que todos pudiéramos disfrutar de las copas y el juego.

Y entre medias, habíamos hecho espacio para las carreras de coches y los ensayos de tacones y “ropa mayor” de las niñas más presumidas. Sabíamos que nadie dijo que fuera fácil, pero estaba resultando una aventura motivante.

En el fondo, y si nos hubiéramos observado de lejos, nos habríamos reconocido en la misma piel tatuada de recuerdos variopintos, algo menos rígidos y más espontáneos aunque en el fondo los mismos.

Esos locos bajitos nos habían dado otro giro, que tampoco sería -probablemente- el último, aunque nadie se detenía a perplejarse de algo tan evidente. Y aún así, a mi me parecía algo mágico, que cada año se obrase el milagro de juntarnos a la trupe  y de cerca contarnos las vidas.

Me veía más vieja diciendome: ¿Recuerdas aquellos tiempos? síiiiiiii, estabamos lozanos y felices y no lo veíamos…tal como ahora vislumbramos lo que es unico y fugaz de otras épocas.

Me repetía que la vida había que mirarla hacia delante para buscarle el verdadero sabor pero que también era fundamental celebrar quien seguía estando de forma repetida, ahí, año tras año, viéndonos crecer y madurar en todos los sentidos. Esos eran tesoros que, estaba segura, algún día echaría mucho de menos cuando extendiese la mirada o me hiciese mayor.

Sabía ,aún sin saber, que  los caminos o las decisiones nos hacen perder a mucha gente. Que se separan las historias a veces sin motivo y que nos volvemos seres más solitarios y reflexivos. Ensimismada en esa burbuja de la que todavía no tenía conocimiento pleno, creía intuir que cuando echase la vista atrás -entre todos esos seres- reconoceríamos a unos pocos (muy pocos) – touché!- que nos habrían tocado de verdad.

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6 comentarios en “Touché!

  1. La vida pasa sin que nos demos cuenta. La gente pasa por la nuestra, dejándonos aprendizajes de todo tipo. Los que año tras año permanecen, son importantes en cada uno de nosotros. No sabemos por cuánto tiempo estarán, pero hay que disfrutarlos. Hacen que nos sintamos bien. Es genial poder contar con la misma gente durante muchos años y recordar otros tiempos con ella. Besitos

    1. Creo que has resumido fenomenal la idea del relato.
      Es difícil que a través de las decadas conservemos siempre las mismas amistades…por eso, quienes permanecen son valiosos y saben bien de nosotros.

      Besitos, Oscar.

  2. Hace poco tuve una conversación que se hilvanaba parecida a tu texto. ¿Sabes lo que yo decía? Que siempre he intentado ser como el adulto en el que quería transformarme cuando era niño.

    Y que si de niño hubiera podido mirarme ahora mismo y ver la persona tan genial en la que me iba a convertir ¡me habría pasado la adolescencia deseando que el tiempo volase! Está mal que lo diga yo, lo sé, pero de veras que pienso que estoy haciendo las cosas bien. Lo mejor que puedo, como mínimo.

    Y citando a Shakespeare: ‘Solo hago lo que es propio de un hombre. Quien hace más, ya no lo es.’

    1. Esta genial que tengas esas sensaciones Holden, eso, como bien señalas es signo de que vas por la dirección que deseas. Así que no está mal que lo digas, sinceridad ante todo.

      Esa ultima frase es una gran verdad: No hay que ser perfectos ni nada de eso…basta con actuar de acuerdo a los principios que uno ha defendido siempre.

      Besitos, Holden…y felices vacaciones … (ya van quedando menos)

Te escucho...

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