Archivos diarios: julio 11, 2017

El ingenioso V.

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Estabamos en esos famosos almacenes de corte conocido cuando, de repente, se me acerca V. (tocando como siempre mi pierna para acaparar atención) y señalando en la dirección de su mirada, me comenta  muy serio:

  • Mami, ¿ese hombre no tiene cabeza?

Lo miro con una sonrisa…

  • Es un maniquí, hijo. No la necesita.
  • Ahh, un maniquí- repite para sí mismo, muy lentamente, reflexionando a cerca de la palabra en cuestión.
  • Pues el maniquí tiene frío, mami.

Miro hacia el muñeco. Esta forrado de ropa. Esa manía de vendernos prendas que no casan con las temperaturas del momento.

  • Eso es porque tiene que ir elegante y donde va hace frío- le digo, examinando para mí misma si la elegancia es eso, la representación de una chaqueta y no mucho más.
  • Mami, pues yo le voy a poner una cabeza grande y gorda. No puede ir sin cabeza.
  • Es verdad, V. No puede ir sin cabeza por ahí, ¡que estropicio!. Eso si que no es elegante.

5 minutos después….

  • ¡¡Mami!! mira ¡¡¡un maniquí con cabeza!!- grita efusivo ante el gran hallazgo. Tiene ojos, boca, pelo, cejas…  y….mira ¡ tiene un moco!.- señala, hurgando en la  disimulada nariz del muñeco
  • ¿Un moco?- le pregunto sorprendida, aguantándome la risa que achuchaba como un tren.
  • Síiiiiiii, tiene frío y tiene un moco…
  • ¡Vaya! ¿necesitará un abrazo?… pregunto, consciente de que a veces la ropa no es suficiente abrigo para el cuerpo.
  • Sí, sí, sí, mamá…¡un abrazo grande de oso es lo que necesita!

 

Aquellos. Nosotros dos. ¿ O eramos realmente tres?.

El ingenioso V. y yo entregados en cuerpo y alma a la energía y ponderación del abrazo. Sopesábamos los pulsos de un corazón de maniquí. Muy probablemente observados y etiquetados como clientes no deseables. O quien sabe, quizás donde más se vigilen las formas, esas imágenes sean lo esperado y memorable.

 

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