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La palabra humana es como un caldero rajado sobre el cual tocamos melodías para hacer danzar a los osos cuando quisiéramos hacer llorar a las estrellas.

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Hay libros que te dejan pensando más allá de su final y sobre ellos elaboras tu propia filosofía o la que intuyes pudo ser la intención del autor al escribir la obra.

¿Qué es la palabra sino eso que nos construye? . La máxima expresión que nos es dada para categorizar las cosas y entender nuestro mundo.  Al mismo tiempo nos sirve para definir las “no cosas”,  esas que llamamos esencias no palpables como los sentimientos o las emociones y que tienen a través de la palabra una forma de existir y expresarse.

¿Que es el amor sino una metáfora ya construida previamente? Con el peligro que eso conlleva adhiriéndose tantas veces a los tópicos sobre lo ya dicho. ¿Que somos nosotros sino eso que nos vamos diciendo a través de los pensamientos y formalizando a través del lenguaje? Los sentimientos no existen hasta que las palabras, como vías de expresión, como hilos conductores nos hacen tirar de ellos y sacarlos a la luz para entenderlos o aprender nosotros mismos a sentir.

Pero la palabra también sufre de contratiempos,  vicisitudes que ponen en tela de juicio su autenticidad que no deja de ser siempre cuestionada. Como instrumento que es para inventar y crear nos sirve para poner en circulación formas bellas de lenguaje, como la poesía o la literatura, en donde nos acomodamos a perseguir la belleza de lo formal por encima de la realidad. En ese momento nos distanciamos, nos metemos en otras pieles y otros mundos despersonalizando lo ya conocido en aras de lo imaginado.

No hay que olvidar que las palabras también sirven para autoengañarse como formas limitadas de dialogo interno, consciente o inconscientemente…nunca estaremos mintiendo más  que cuando nos definamos a nosotros mismos. Sufrimos esa especial tendencia a proyectarnos sobre formas cómodas socialmente valoradas, cuando en realidad no deberíamos encasillar nuestro ser dentro de ningún limite territorial. Es en ese acotamiento donde erramos pues en esencia resultamos ser  algo único que el lenguaje difícilmente podrá explicar.

Creo que debemos esforzarnos en mirar el mundo con ojos distintos a lo ya dicho anteriormente, en todo debe haber algo de desconocido y misterioso si nos detenemos a observarlo con mirada nueva, algo que nos conduzca a la esencia de la realidad entendida desde nuestro interior, a la palabra que brota desde su sentido más particular y auténtico.

 

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7 comentarios en “La contrariedad de la palabra

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