Archivos diarios: abril 18, 2017

Ronda

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Y a mi quien me manda sentir atracción por los precipicios y las piedras. Embobarme en las alturas mientras suena la melodía de un violín por estas callejuelas empedradas.

-“¡No te asomes, por favor! ” – grita detrás mía, con un alarido voraz que se pierde entre el trajinar de la aglomeración turística.

-“Ni se te ocurra dar un paso más al frente!!!”- vuelve a pronunciar rotundo, en la intentona de que mis pies se anclen al suelo. Lo miro sorprendida. Todos tenemos nuestros limites, el temor siempre humano, que se apodera de uno..

Ese miedo a la altura, que desconozco, creo que se llama vértigo. Como si las baldosas y el suelo se volvieran blandos y uno sintiera que todo tiembla. Es el borde de un abismo que  se  hace mantequilla y penar. Que cantonea las aristas de la mente, hasta hacer escapar  un trozo de la parcela de nuestro zapato y de repente…la angustia del vuelo. Como si fuéramos pájaros aprendiendo a volar…

¡NO lo somos! me repito, todavía siento el suelo firme y cálido bajo mis zapatos, aunque haya sido capaz de hacer una breve introspección hacia la emoción que circunda su cabeza, envolviéndolo en angustia.

“Déjame disfrutar un ratito de este momento”, le digo tranquila. “Hay una reja enorme anclada delante de mí, no me pasará nada. Date un paseo con los niños por los alrededores mientras tomo algunas fotos.”

Me hace caso y le guiño el ojo. Pobre, yo misma se que el miedo no tiene lógica pero toma raíces y forma de manera vertiginosa…!el jodío!

Quedo sola frente a este pueblo construido en vertical. Las casas miran al puente, el puente las mira a ellas. Y yo me hago con todas esas miradas. La estructura es abrumadora y se fija a la retina. Aunque he estado en precipicios mayores, esta mezcolanza de gentes transitando  por tan pintoresco lugar, me va conquistando. Es como si el pueblo aunara rincones recónditos deseosos de ser descubiertos más allá de lo que – a priori- ven mis ojos. Hay música y romanticismo entre las calles, se respira algo, poesía antigua tal vez. Tengo que volver aquí sin tiempo y sentarme en una de las terrazas con vistas para dejarme escribir.  Miro ahora hacia abajo, donde tiene puestos los pies el megalómano de piedra. Veo personas que se adentran por senderos entre la maleza, que acunan el sudor entre la aventura, y las observo preguntándome como será el mirar hacia arriba por esos ojos de senderista. También siento envidia, también deseo probar. Sería volver a lo que ya conozco. Mi corazón está ansioso está mañana.

A todo esto….¿Donde se habrán metido?

Los localizo en la lejanía. Voy tras ellos, ya casi los pillo. Papá y sus cucos. Es tan dulce esta imagen que quiero mantenerme en anonimato el mayor tiempo posible. Así, de espía. ¡Hasta que me descubran!. Me resulta tierna la estampa porque representa la evolución inexorable del tiempo, lo imposible que esto hubiera resultado hace un año, transitar así tan libremente por las calles, sin carros ni carretas, sin tropezones ni traspiés. Sonrío de sabernos en esa libertad que  ya va trayendo otras preocupaciones y ventajas. Me gusta saberles fuertes para resistir los pasos que tiene el descubrir, confiar en sus capacidades como viajeros recién estrenados, motivarlos en el arte del postre con algún huevo sorpresa y si acaso a la vuelta, un helado para refrescarse. Para V. el más grande, que es un ansioso.

Y ahora de nuevo viaje largo,… a la casita del hotel…a descansar.

” Mami, ya no me da tusto el vintilador”…. dice J. , pues a ver si le chivas el truqui a tu padre- le digo muerta de risa.

 

 

 

 

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