Había una frase con la que solía reírme

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Hay que ver como son los fines de semana de trabajo en el campo. Por un lado pienso que deberían estar prohibidos ¡menuda broma eso de no dar tregua al cuerpo!…por otro, resultan tan enriquecedores en todos los sentidos, que bien podrían ser la próxima terapia de moda para paliar el estrés al que esta vida moderna nos somete.

Y vosotros diréis…¡esta está loca! y nada más cerca de la realidad, pero por un momento, escuchad la frase que decía mi abuelo y que luego mi padre muy hábilmente copió en su beneficio, para convencerme de que ir a la aceituna molaba.

“Niña, el campo es salud”-aseguraba consciente, que no estaba borracho ni nada de eso. Hay que poner especial énfasis en ese “niña”, pues sonaba totalmente  cercano y detenido. Con ese no llamarme por mi nombre se cercioraba que lo escuchase y luego, una vez lo miraba a los ojos, soltaba tremenda aberración.

Tonterías! más a gusto se está en el sofá, pensaba yo. Aunque todavía desconocía que el campo y la vida terminarían por apañárselas jugando en mi contra, otorgando credenciales a esa sabiduría tan rural que defendía mi abuelo.

Y todo esto para deciros lo mucho que me están llenando estos últimos fines de semana de la recogida, rodeada de gente  risueña y trabajadora que es capaz de acelerar las horas y difuminar el esfuerzo con los pulsos de la conversación. ¿Porque que hay mejor que trabajar a gusto sin cuatro paredes de por medio o mandones que lo ahoguen a uno?.

La naturaleza en ese sentido se las apaña para devolvernos a nuestra esencia más remota, a lo que somos en el fondo, no más que gente con diferentes pensamientos, con historias de vida que se encuentran, con principios y errores que trabajan como se solía antaño, de sol a sol y sin luces artificiales o tecnologías opresivas de por medio.

Sobre el terreno, pies y manos se van aclimatando, los sentidos se abren  y también los placeres más primitivos, como el comer. Y os aseguro que la comida no está lo mismo con las manos llenas de tierra o con el culete en el suelo. Que uno aprende a elegir el terreno donde se sienta. Que no importa si te manchas porque ya estás enfangado hasta las cejas. ¡Que no! que todavía no he ido a ningún restaurante michelín donde el tomate sepa a gloria y el chocolate a cosquillas.

Pero claro, no os voy a engañar, también  hay lujos allende las remotas montañas donde a cuatro locos de nuestros antepasados se les ocurrió plantar olivos. Lujos como detenerse un ratito a encender una buena hoguera con los cuatro palos olvidados entre las camadas. Lujos como contemplar como se abren y tuestan unos chorizos caseros que ha traído esa mujer que tiene el detalle de cuidarnos a todos. Y que encima no, no es nuestra madre y eso la hace aún más especial.

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La ostentación no se sirve en platos de cristal ni se come con cubiertos de plata, la  verdadera riqueza está más cerca de la humildad de lo que imaginamos y no corresponde con lo que suelen hacernos creer desde tantos focos.

Con la tarde a cuestas y los chorizos rebelándose, mientras se dibujan las sombras de esos arboles que ya se van quedando otro año más vacíos, también nosotros aminoramos la marcha y el ritmo, a la par que este sol de Enero azacanado, tímido como siempre… que nos hace coger aliento y gastar las últimas bromas sobre el sabado y  los bailes bajo la manta que alguien se atrevió a contar.

Sin duda, mi abuelo estaba en lo cierto y no me sabe mal reconocer cuanto desconocía del asunto y lo que los años nos hacen mudar la perspectiva.

Es esta una esfera sin remilgos ni acato en donde uno se va dejando caer y olvida sus vértices. Quizás la energía, el esfuerzo y el aire puro sean lo único que necesitemos para continuar, sembrar la vida, atesorar lo que con tanto ahínco nos dejaron nuestros ancestros. Que no fue solo la tierra y su valor económico ¡no señor! sino la majestuosa posibilidad de verla crecer con los mimos y de dejar que ella, siempre sabia, también nos enseñe.

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29 comentarios en “Había una frase con la que solía reírme

  1. Me ha encantado tu texto…la vida, la naturaleza y la tierra nos enseña…y qué sabios eran nuestros abuelos!…enhorabuena por tu forma de mostrarlo, con sabiduría y humor…

    1. Muchas gracias Jane. Me alegra mucho tu comentario.

      En efecto nuestros abuelos sabían y apreciaban el campo de una forma distinta a como hacemos ahora. La naturaleza es una escuela diferente, que conviene escuchar poniendo en sintonía todos los sentidos…tiene mucho que decirnos, si la dejamos…claro.

      Un saludo.

    1. Ohhhhh, la Gran Via, que bonita estampa!
      A veces pienso como habría sido mi vida si fuera de ciudad, pero no, no lo soy aunque me guste -de vez en cuando- pasar por ella.
      Cada realidad o ambiente nos hace únicos, tu te has criado en la capital y yo entre montañas…pero igual las dos somos gatas…jajajaj.

      Besitos, Margui

  2. Nunca he ido a la aceituna, pero en vistas de que me van a traspasar los bártulos en breve, pensaré muy en serio eso de proponerlo como terapia anti estrés, jajajaja. De pequeña pasé muy buenos ratos en el olivar, aún recuerdo el sabor de las patatas asadas en las cenizas de la lumbre. Mi madre siempre me decía cuando íbamos, “respira, hija, respira” y es que ese aire te oxigena como ninguno. Besazos!

    1. Jajaja…pues si tienes alguna duda ya sabes que puedes preguntarme.

      Terapia anti estres es, te lo aseguro, lo que pasa es que no habrá quien se apunte voluntario….jajaja

      Ummmmm, patatas asadas que ricas!!…acabas de recordarme que hace tiempo que no meto una en la caldera. jjjjj.

      Sí, eso es lo mejor, el oxigeno que aporta, te sientes en paz y con ganas de muchas cosas, a pesar del cansancio.

      Besitos, Ana.

      1. Estaba pensando en algo como:

        Disfrute de un estupendo fin de semana en una casita de pueblo, donde puede comprobar el placer de experimentar la recogida de aceituna en un paraje incomparable. Pensión completa, por solo 300€ jajajajaja

      2. Dicho así, suena bien, igual si lo introduces en alguno de tus tan fenomenales relatos…pican, pero me parece que la policía no es tonta…jjajaj.

      3. Yo creo que la idea es muy buena, pero el tema experiencia debería quedar en eso, no más de 5 minutillos de reloj, para que lo probasen, sin pasarse…sino, no veas tu luego las criticas en booking…jajaja.

    1. Una tradición y una forma de vida. Creo que en nuestras raíces tambien está parte del secreto de nuestro interior, los sentimientos, los lazos…todo aquello que nos une a los nuestros. Sería un fastidio que eso, tan valioso, se perdiese.

      Besitos.

  3. No podías escribir y transmitir de mejor manera todo lo que implicaba la frase de tu abuelo. Esas son las enseñanzas y sensaciones tal cual tu las describes, de quienes pasamos gratos momentos en el campo al lado de nuestros ancestros.
    Fue una delicia leerlo y concordar totalmente.
    Un abrazo extensivo a ti y a tus pequeños.

    1. Que bien, Demian.
      Me alegro haber coincidido en pareceres contigo.
      La Naturaleza nos rebela a cada instante algo, al igual que lo hacían nuestros abuelos, solo basta dejarse envolver por ella.

      Besos y abrazos tambien para ti.

  4. Es una entrada preciosa Mukali y muy íntima que te agradezco que compartas con nosotros. El olivo de la foto es impresionante, los mios que aún son pequeñitos, espero que también los disfruten mis nietos, si es que los tengo algún día. Creo que la belleza de esa jornada de trabajo radica en que ha sido compartida con buen humor. Un besazo.

    1. De vez en cuando gusta compartir escritos transparentes, Carlos, aunque sea este un mundo de tantos ojos.

      Los tuyos tambien crecerán porque estoy segura de que los cuidas con mucho esmero.
      ¿Los nietos? Ay! los nietos, mi padre tambien se quejaba y luego le llegaron dos de golpe…jajaja, dale tiempo, es esa una etapa mucho mas distendida y relajada que la de los hijos y que se saborea de otra forma mucho menos automática.

      Besitos.

  5. Qué bonito y cercano!! Como ya te dije yo también gozaba de adolescente de los “beneficios saludables de la naturaleza “. 😉 Y aunque entonces lo odiaba, tengo que reconocer que el contacto con la madre naturaleza no le hace mal a nadie, al contrario!! Cura penas!! Y cuando has habladode fuego y comida, me han ve ido unos olores a leña y pan tostado con un ajo raspado y un buen chorro de aceite de oliva (de bueno, eh?!)!!! Acaso puede haber algo mejor?! 😊
    Un abrazo, Mukali! 😘😘

    1. Gracias Lidia.
      Es bueno que te hicieran ver esos beneficios y lo costoso de ganarse la vida en la tierra. El dinero no cae por la chimenea, decía mi madre.

      Ummmmmm, veo que ha sido una entrada de despertar culinario, no imagino nada más sencillo y más bueno que ese pan con aceite.

      Besos guapa!

  6. ‘El campo es salud’ me recuerda mucho a un monólogo que vi hace poco. Decían que cómo era posible que picar entre horas engordase mientras el tipo que se lo preguntaba, incrédulo, picaba la tierra entre la hora de comer y la hora de cenar. Los brazos como los de Rafa Nada y ni gota de grasa, decía xD

    Este tipo de historias me recuerdan también a cuando vendimiaba y al buen humor que teníamos todos mientras almorzábamos torreznos y chorizos a la sombra de unos almendros. Cansados, llevabámos ya 4 horas recogiendo uva y teníamos por delante no menos de otras 8… pero un poco de vino, pan y la familia bromeando y todo se te pasaba 🙂

    1. jejejej…buen monologo parece. De quien es?

      La vendimia debe ser dura, siempre gusta tener experiencias que recordar y compartir bromas con la cuadrilla. Aquí solo son 8 horas, aunque no hay vino a mansalva..jajaj

    1. Jajajajaj…me quedo con eso de “si picas se te va a quedar el vientre más plano que el encefalograma de un tronista”…jajjajaj…por dios, que risa!!!

      Gracias por el enlace, apañao!!!

Te escucho...

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