De batallas y mimos

Julio es un probador innato donde los haya. Por probar prueba incansable los límites de la paciencia de su madre. Otras veces, lo tiene más fácil y consigue rapidamente su derrota. Enciende su lengua de trapo y como por magia: ella estalla a carcajadas. ¡Bien! De un tirón el camino hecho.

En medio de tal estafa, la madre se pregunta ¿Como podré seguir yo batallando con un bribón de semejantes caracteristicas? Que tan pronto hace de su lengua apocopada el reducto más grande? Le dice muy seria ¿quien se va a comer ese tomate? señalando lo que ha dejado en el plato…y tan campante él responde: ¡Julio no!.

Ya monta frases pequeñas, banalidades de media boca y cuando atina con algún disparate y ella inevitablemente ríe,  el pequeño cerebrito lo archiva como un resorte  y lo usa y desusa a su antojo hasta sacarle el ultimo de los rendimientos. Diría que es listo o que le gusta sentir la complicidad del beso. O ambas.

Por contar cuenta hasta 20 y ella a veces tambien lo hace en silencio, como si fuera un rosario y tuviera la fe por las nubes, para que no la lleven los diablos cuando saca su cabezonería a trote. Es capaz de diferenciar todos los colores, las formas, las vocales, los animales, las frutas…le impresiona su inteligencia y en el saber siempre pide más, como las chuches ¡que no es tonto!.

Es dispuesto y bondadoso y todo eso mientras ella lo explica, la llena de  un amor incondicional del que no es del todo consciente. Lo que si reconoce bien son los defectos del pezqueñin,  que por otra parte le otorgan identidad, …como esa inagotable terquedad. Buena es porque no se rinde, mala porque habrá de descubrir la parte de esta vida que no va a estar a su alcance. A ella que razone eso -sin frustración- le parece  el mejor de los aprendizajes.

Hay tantas cumbres por hacer que a veces le da vértigo y se asoma a la ventana del “no puedo”. Ella tampoco es perfecta y se viene abajo como todo el mundo. Claro que ya entendió  que son pensamientos que nacen del cansancio. Luego pasan y ya.

Su amor es lo único que no pasa. El motor que enciende el “yo puedo” y va donde haya que ir con tal de ver esa carita feliz.

En esas noches en que el niño le hace trampas y le roba el sueño, ella le explica la necesidad del descanso. No puede estar toda la madrugada de aquí para allá y luego de allá para aquí, como el cerdito Gordi, que tiene que trabajar para amar su espacio y vencer a los fantasmas de la oscuridad como lo hacía el Momo, que un día hará de su lecho, su fortaleza, su castillo, su calma.

Anoche se le ocurrió soltarle que no la confundiera con Nix, la diosa griega de la Noche. El la miró sin pestañear, a pesar de las horas.

Le gustan los cuentos tanto como a su madre.

 

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4 comentarios en “De batallas y mimos

  1. Ay las malas noches, cuantas cabrán en la medida de una infancia? Fueron tantas que pusimos una cama nido en su habitación, para poder dormir algún rato, la sacaba de debajo de la suya y caía derrotado a sus pies. Aún obtiene de mi lo que le da la gana. Un beso

    1. Qué bonita pregunta, Carlos. Pues caben las que ellos quieran, bueno en mi caso especificaré, la que él quiera, porque uno duerme como un lirón y otro como un mochuelo…jajajaja. Si es que no somos iguales aunque nos criemos bajo los mismos patrones.

      Ahora seguro que echas de menos aquella cercanía, estoy segura…cada etapa tiene lo suyo, pero es bueno ir disfrutando las cosas positivas que cada edad nos aporta.

      Me temo que tu última frase es una verdad como un templo, aunque no siempre convenga darles todo cuanto deseen… su sonrisa y su alegria como premios, juegan totalmente a su favor.

      Besos.

  2. No mucha gente a tan temprana edad sabe de la Diosa Nyx, desde luego. Alabo la educación tan maravillosa que, con todo vuestro cariño, estoy seguro de que les estáis dando. Ahora hablales de Odín, en honor a mi gato 😀

    1. Lo hacemos lo mejor que podemos, Holden…y casi siempre sin recetas porque cada niño es un mundo totalmente diferente. Y los cuentos nos gustan mucho, desde luego. No sabes lo que estamos disfrutando esa parte.

      Jajajaja…le hablaré, le hablaré…

      Un abrazo.

Te escucho...

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