Este mundo lleno de hilos

La vida de Pizco hasta entonces  había transcurrido en un cálido y mullido lugar.  Entrelazado a una hebra de color negro insípido, no había conocido otra realidad que aquella existencia que pende del hilo, aquel ser un cabo suelto juguetón y mordaz que posee el privilegio de asomarse al mundo de a poco para recibir el baile del viento o el contraste del agua, … o bien, los finos dedos de aquella mujer  susurrándole la caricia que más tarde iría seguida de la condena de la compasión.

Su vida entera estaba sujeta de aquel hilo del que ella se negaba a tirar. Lo que más rabia le daba era que no entendía que ternura podía despertar en su dueña el dejarlo allí, día tras día, colgado del mismo punto, como un manifiesto elucuente y silencioso de que todo tiene un principio y un final…y  precisamente, él era el final sobrante, el desacierto, el olvido.

Ser un hilo no era algo muy prometedor que digamos, pero ser un hilo colgandero y tener una mano atada y otra acariciando el mundo, era algo mucho más desesperante aún para un alma soñadora como la de Pizco. Sentirse constante espectador de algo tan peligroso y apetecible como es la libertad, resultaba del todo frustrante.

La situación, por contrapunto, lo había dotado de un aplomo genuino hasta el punto que era capaz de enrollarse y desenrollarse con un hábil contorsionismo creando así un tipo de lenguaje particular. Manifiesto que estaba seguro tarde o temprano alguien acabaría descubriendo.

Y eso fue lo que  sucedió aquel 27 de octubre. Pizco estaba entre el batiburrillo de colada seca del barreño, colgado del mismo aburrido jersey color negro, haciendo las mil y una piruetas para llamar la atención y encontrar un alma valiente que lo catapultase sin piedad al mundo; cuando unos dedos jugosos y gorditos se acercaron a tentarlo.

Tiraron y tiraron hasta que Pizco soltó  sus  ultimas raíces y calló al suelo enroscándose como un bicho, quedando  libre de su lana madre.

Aquel movimiento, cargado de sentido y normalidad, llamó la atención del niño que prontó señaló hacia Pizco al grito de “¡¡mamá, mamaaaa!!. La mujer de los finos dedos se acercó  curiosa hasta el suelo para contemplar tan fastuoso acontecimiento.

A Pizco le hubiera gustado decirles “hola, ¿qué tal?, aquí estoy por fin, en vuestro mundo corriente y moniente, como siempre había soñado…” pero ni eso pudo al verse de pronto envuelto en un vendaval de soplidos. Eran sus bocas llevándolo de un lado a otro, sin piedad…haciendo de aquel estúpido baile un juego de risas del todo mareante. ¡¡Desde luego, que poca educación!! parad yaaaaaaa, estupidos!!!

La vida de a pie era un poco rara,- pensaba pizco,  tampoco la libertad tenía el sentido soñado pues despegaba sin compasión sus límites y le era necesario aprender deprisa si quería adaptarse a un entorno que precisaba imaginación.

Aquella tarde, harto ya de ser el juguete de turno, aprovechó la velocidad de un soplo para volar y colocarse en el flequillo de la mujer.

¿Donde está Pizco?- dijo el niño de los dedos jugosos.

¿Donde está Pizco?– dijo la mujer de los finos dedos.

Pizco desde más arriba, les gritaba riendo: bizco, pizco, bizco, pizco…¿donde estoy?. ¡Que delicia era eso de confundirse entre el color de los cabellos!¡pasar desapercibido con el simple hecho de pesar menos que una pluma!.

Ya le iba pareciendo que la vida tenía un color más favorable, solo era cuestión de ajustar los trucos, más arriba, desde la sintonía del cerebro.

Cuando llegaron las 9, la mujer de los finos dedos subió al baño y se desprendió de la ropa de un plumazo. Pizco voló azarosamente hasta caer sobre el filo de la bañera, quedando ahí como espectador privilegiado.

¡¡Ahora si que estaba empezando a considerar que la libertad tenía sus regalos!!, Felicidad debía ser algo así como un fino hilo entre cordura y goce, ¡Ahhhhhhh, como estaba disfrutando su bendita condición de motita de polvo!….

En ese  momento los ojos de la mujer de los finos dedos se volvieron sospechosos y se acercaron a Pizco. Eran grandes como dos oráculos iracundos. Seguidamente  sus finos dedos ,que recordaba hasta entonces misericordiosos, lo tomaron con delicadeza. Aunque ya no para acariciarlo, sino para expulsarlo de aquel bendito paraíso.

Bah!– que raros son los humanos, dijo Pizco, para unos temas te banalizan y para otros te consideran. Nunca acabaré de entender este mundo lleno de hilos.

 

14915329_1159285577493833_1908281548741891661_n

 

Anuncios

14 comentarios en “Este mundo lleno de hilos

    1. Eso me parece, Johan… incomprendidos y desubicados nos hemos sentido muchos alguna vez.

      Me alegro que te guste, tenía que escribirlo porque adoptar un hilo de mascota en mi casa ha sido algo muy loco.

      Un beso 😘

Te escucho...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s