Ojos: un par de intrusos. Estudio a cerca de la imagen, la autoestima, el selfie y la paranoia.

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Aquella mañana se miró los ojos y los vio distintos. Era como si alguien se los hubiese cambiado. Imaginaos el panorama, que alguien llegue y se apropie de lo más expresivo y valioso de tu cara, los ojos. Imaginaos por un segundo lo que supone decirte a tí mismo… ¿Esos ojos son míos?…los desconozco… ¡De quién  demonios son esos  ojos!.

La cosa sucedió de manera más bien insólita. No se percató de tal idea en el espejo, como cabría de esperar mientras distraída los embellecía con maquillaje. La persona que había cometido tal robo debía haber puesto polvo alucinógeno entre las pinturas para drogarla y falsear con el reflejo hasta lograr que pasaran desapercibidos.

Fue  de camino al coche, quizá con los sentidos a tope, cuando al observar la foto descubrió un aire exotico y extraño que se fundía magistralemente detrás de aquella mirada.

Toc, toc,…¿Quien se esconde ahí? ¡Devuélveme mis ojos descarriados que ya es mucho el tiempo que han estado lejos de mí!

Se frotó la cara repetidas veces, con la intención de disipar la conmoción, pero en sus manos solo encontró restos de lágrimas y humedad. Tal vez se trataba de una pizca, una  menudencia que al más leve roce desaparecería, volviendo la imagen y toda ella a la más reconocible normalidad. Pero la sensación no cesaba y  se sentía más y más inquieta.

Miró el aparatito movil, allí debía estar encerrado el patético misterio. ¿Había vida y entes más allá de la tan afamada práctica del selfie? Tenía que existir una explicación plausible. Todo debía ser producto de la fotografía en cuestión,  de la exposición, de la toma, de la luz, del enfoque, ¡qué sabía ella de resoluciones y de nitidez más de lo que sabe cualquier mortal!… no debía pensar en cosas inútiles e irracionales si todo podía explicarse desde lógica, aunque fuera una autentica  negada para eso.

Acercó la imagen y recortó aquel par de intrusos. Los estudio detenidamente, cambió los filtros, los brillos, los volteo, digamos que esgrimió al máximo todas las posibilidades que conocía relacionadas con el mundo de lo visual… pero nada le hacía sospechar que aquellos ojos coincidieran con los suyos.

Vale, eran bellos, curiosamente únicos, me atrevería a decir, pero eso no significaba que tuviera que aceptarlos porque sí, de buenas a primeras. Si correspondían a una china, japonesa u oriental , como así parecían por el aspecto, ¿que demonios hacia ella con ese aire foráneo rondando entre las pupilas?.

No sabía como iba a acostumbrarse a vivir con dos luceros asiaticos,  distraídos e ingenuos, a los que todavía no sabía dominar… que alguien le dijera qué debía hacer para lograr mirarse al espejo y querer lo que no reconocía como suyo.

En realidad a la gente poco le importaba aquella paranoia. Nadie daba credito a lo ocurrido. La que había hecho el cambio debía ser una profesional en toda regla y sabía de sobra que se iría de rositas sin la más mínima sospecha. Así que por más que se esforzó en explicar  el panorama a quienes desde siempre la conocían, ninguna persona pudo confirmar que aquella no fuera otra que su mirada; de modo que sus sensaciones caían en un saco roto y es más,  hubo hasta quien la tomó por loca. El colmo de los colmos. Perder tus ojos y que encima te digan que son figuraciones tuyas.

A partir de ahí, todo nuevo bajo el sol. El mundo se abría en una nueva perspectiva, como el ocaso. Se miraba al espejo con frecuencia y trataba de amar y dar cabida a aquel par de retinas. Realmente el canje había sido a mejor, dos ojos nuevos a estrenar, más bonitos que los anteriores pero ¿era importante tan solo la apariencia? ¿donde quedaba el cariño prestado a los que ahora se presumían desaparecidos ?

En lo más profundo de su ser guardaba el recelo de quien sabe que algo no encaja, sabía que más allá del transito entre sus pupilas y el alma imperaba una nueva habitante, como una larga carretera que recorrer, a la que había que darle paso porque se había colado así, nunca mejor dicho, ¡por la cara!.

 

Relato basado en fotografías de la menda (en plan presumido)  y esta preciosa canción de Manuel Carrasco, artista al cual pude ver en concierto hace un par de meses y fue toda una gozada.

 

 

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16 comentarios en “Ojos: un par de intrusos. Estudio a cerca de la imagen, la autoestima, el selfie y la paranoia.

    1. Gracias Valeria. 🙂

      Una vez escuché todo lo contrario. Según un estudio a cerca de la percepción, la mayoría de la gente se ve más guapa de lo que es en los selfies…¡qué curioso, no?. A mi me pasa igual que a tí, pocos me convencen, pero ese día si que me ví y me sentí atractiva en esas fotos.

      1. Yo creo más bien que somos lo que vemos, lo que ven de nosotros son otros, que tambien pueden influir en lo que nosotros vemos…o no. Vaya trabalenguas…jajaja.

    1. Gracias, Carlos. Lo bueno es que mi mirada está en ambas partes, …regalo es el que me hacéis vosotros, leyendo, comentando y estando ahí al otro lado de la pantalla.

      Otro grande para tí.

    1. Gracias, Alter, a mi tambien me gustan.
      Lo increíble (y de lo que también habla este relato) es que a veces nos redescubrimos y vemos en nosotros cosas que nos habían pasado de largo, quizás no las habíamos valorado lo suficiente, no se.

      Muchos besos.

    1. Estoy contenta con mis ojos, Oscar. Decirte otra cosa sería mentirte. Pero para nada, si eso fuera así, mal asunto, creo que llevaría fatal la fama…jajajaj… por otra parte, lo que más me gusta es que a parte de verlos, sepan leermelos.

      Besos

Te escucho...

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