Voces de mujeres anónimas. Trasiego de un edificio.

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En el interior del edificio se cuece otro día más de trabajo.  Por los pasillos, mujeres. En las salas contiguas, mujeres. En los despachos, habitaciones, entradas, salidas… se agrupan tambien, rozando la hora de toque, momento en que se cierran las puertas y quedan las mismas, las otras, las de entonces o las recién llegadas, casualmente trabajadoras todas ellas del sexo femenino.

  • Alguna vez echo de menos la presencia de un hombre por aquí- le confiesa Lidia a su compañera – alguno que venga a relativizar o divertir, a decirnos ” estáis majaretas, siempre elucubrando y criticando cuando realmente no podéis vivir sin nosotros”.

Paula se ríe. “Socialmente estamos acostumbradas a oír eso, que juntas nos desatamos por envidias…pero no creo que sea del todo así”. Después añade:

  • Si me paro a pensar al que realmente echo de menos es a aquel buen tipo ¿recuerdas? ¡el que reparaba el ascensor! . Cada vez que entro en el habitáculo le digo a los niños que toquen a su antojo  toooooooooodos los botones.
  • jajajaja  ¿tu eres la que los dejas pulsar emergencias, no?
  • Siiiiiiii…Es mi forma sutil  de llamarlo,…

La mañana se hace más corta y amena entre la complicidad de la charla y las bromas.

En la planta de arriba, otros temas distintos, otras voces, aunque más discordantes. La sindicalista protestona pone normas sobre la mesa con la voz imperativa con que acostumbra a manipular a unas  y ningunear a otras. Una de las señaladas, acostumbrada a callar y ceder se aleja diciéndole a María “lo que hay que aguantar para ganarse el pan…menos mal que cuando salgo me abraza mi pistolero y se me olvidan las guerras inútiles”.

María  se acerca al oído de su compañera y le da ánimos para que no decaiga “No hagas caso a las personas que siempre están señalando al resto. No es problema tuyo, sino suyo”. Mientras el ascensor se cierra y María se va, una pequeña sonrisa se abre en la cara de su compañera, que se dirige de nuevo a sus funciones con otra energía. María baja las plantas pensando que no hay mejor batalla por librar que ayudar a alguien que vive lo que tu ya conoces. Y que quizá sea la cara B del asunto, el desarrollo de tal empatía.

Hora de comer. Sala de comedores. Otro ambiente. Entre cucharada y cucharada, Alicia comparte una foto de su mascota con Marta.

  • ¡Es lo que me queda para el lote !. Dos hijas, marido y ahora… perro.
  • Jajaja, completito, sí… pero procura no pronunciar las palabras marido y perro demasiado cerca, ¡puede ser peligroso!- le advierte Marta riendo.

Mientras siguen la conversación, las cucharas no dejan de sonar al compás de la boca de los infantes. Los olores,  canciones y algunos llantos se van apropiando de una habitación que no tardará en hacerse cotidiana para los niños, lejos de parecerse a la cocina de casa. Un mundo  matemáticamente acordado para suplir las carencias de una sociedad que vive deprisa, de unos horarios laborales que ahogan o de gente que quiere vivir sin asumir que ser padre/madre se lleva tiempo y esfuerzo.

Horas más tarde, cuando ya se han llenado los estómagos a ritmo galopante y se han desperdiciado otros cuantos platos más de comida en el mundo… la siesta comienza a pintarse con cansancio en la cara de los pequeños.

Alicia y Marta aprovechan su sueño para tomarse un café que les sabe a gloria. Hablan entonces de cosas más personales, como esos pinitos en las preciadas horas que dedican a sí mismas, la una a baile, la otra a pintura.

  • Entonces el profesor me soltó: Nunca he visto una espalda tan rígida como la tuya…¡mujer, relájate que no eres una tabla de planchar!.
  • Jajajajaj…pues el mío es un poco cabroncete. Viene, mira el cuadro y me dice “está bien, está bien”  …luego me quita la brocha y me emborrona todo lo que acabo de hacer…¿tú lo entiendes?

La tarde se va esfumando al mismo ritmo que la jornada laboral.

Las últimas madres llegan rezagadas a por sus criaturas; mientras, la luz tenue y el olor a amoniaco imperan como vestigios de un edificio a punto de cerrar.

Son las 20:00 h,  reina el silencio…

Mañana, de nuevo,  estas y otras voces de mujeres seguirán dando vida, empuje y color a un edificio que ahora yace silente en mitad de la noche.

 

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6 comentarios en “Voces de mujeres anónimas. Trasiego de un edificio.

    1. Te refieres a lo que decía la protestona?…
      Yo los escribí como trozos sueltos de conversación, como si dieras una vuelta por el edificio y te quedaras con ciertas sensaciones de lo distintas y amplias que son unas mujeres y otras. Ese era el detalle en el que yo quería fijarme.

      Besitos Oscar.

      1. No, me refería a que algo común en esa vuelta que comentas habría sido escuchar cómo dos despellejan a una tercera que acaba de irse al baño y con la cual compartían (falsas) sonrisas. No sé si me explico

      2. Ahhhh, ya te entiendo. Es cierto, eso es bastante común, esa hipocresía la he respirado de cerca, alguna vez…que no te digo yo que no quepa en ese edificio y en presencia de solo mujeres, puede que también independientemente del género… Pero en lo que quería ahondar con esta entrada, es justo en la reflexión contraria, que a pesar de todos los dichos y diretes también las mujeres se ayudan las unas a otras, comparten buenos momentos, ríen y hablan de la vida más allá del peso de unos convencionalismos y unas etiquetas que todavía nos ven a medias, sobre márgenes acotados, como parte de un ser vulnerable y dependiente. La protestona también cabe en la historia (fíjate porque) a la mujer siempre se la ha dirigido hacia la prudencia y el no ¡mejor no! expresar emociones negativas que también estaban en ella y eran imposibles de negar.

        Oscar, gracias por estar y ofrecerme tu visión…ummm, veo que tengo que mejorar mis entradas… Al menos la forma en que me hago entender… ¿Estaré perdiendo facultades?.

        Por cierto, sabes q esta noche me he bebido una lata de coca cola con tu nombre? Jajajaja, si, es una tontería pero me he acordado y me he reído para mí misma, pensando dónde estarías…

      3. En casa! 😉 No tienes que mejorar nada, lo bueno de tus entradas es que cada uno nos quedamos con una visión de la misma y aportamos algo (más o menos) útil. Tus facultades están intactas, sigue siendo una artista delante de la pantalla en blanco de tu blog. Pero tu comentario me ha ayudado a entender lo que querías decir. Una cosa que tengo es que soy cortito, y en ocasiones me suelo quedar más con lo que falta que con lo que hay, aunque lo que haya diga mucho y no encaje mucho lo que pienso. 🙂 ¿Sabes? Es una pena que aún parte de la sociedad vea a la mujer por debajo del hombre en cualquiera que sea el tipo o aspecto de la vida que se haga. Creo que es mucho mejor que el hombre en montones de aspectos, al igual que al contrario. En eso reside la belleza de ambos sexos. Y no, no es una tontería. Quizá no lo sepas, pero me ha hecho mucha ilusión que te acuerdes de mí. Y que además lo hayas hecho con una sonrisa. Eres un cielo. Besitos Stunner.
        PD. Perdón por el rollo

      4. Muchas gracias primor!
        Eres muy agradable. Me alegra de veras que te gusten mis textos y que estés ahí siempre al otro lado, leyendo y escuchando mi voz sobre fondo blanco.

        Que sepas que los comentarios largos, me encantan, así que nada de rollo, más bien un honor para mí.
        Siento no haberte contestado antes a este, no es por falta de ganas, es que tengo ahora el horario a tope, ya te imaginarás…

        No creo que seas cortito por ir más allá de lo que se dice explicitamente en un texto, añorando lo que falta, me parece rico y de buen lector ya que forma parte de la imaginación y de las vivencias personales, permitiendo meterte aún más en la historia.

        Me gusta tambien que los demás vean perspectivas distintas y las expresen, en realidad, un blog tambien se surte de la aportacion de los comentaristas.

        Respecto a lo que dices, así es: la belleza está en la diferencia… y entender eso ya lo es todo, escapando de la absurda generalización, la visión mitificada o a medias y los cortettes ridículos.

        Uno sabe perfectamente cuando se han burlado sus derechos como mujer o como hombre. ES algo que te cala muy dentro y que en el tiempo, tiene sus consecuencias. Todavía hay gente que vive sin normas, manipula y chantajea utilizando todo lo que tiene a mano…pero las personas no somos objetos…realmente nadie es propiedad de nadie.
        Aún así, es grato saber que tambien uno reconoce sus fallos, encarrila su vida y lucha porque situaciones similares no vuelvan a repetirse.

        La coca cola estaba muy rica, pero me costó dormir, soy de poca cafeina…ajjajajaj.

        Besitos mil, Oscar.

Te escucho...

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