La parte insobornable

 

 

 

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Definitivamente aprendió a reconocer lo esencial: no dejar hablar a nadie por ella en su cabeza. Estaba claro. Aquella parte era insobornable. 

Era fácil no equivocarse en las vidas de otros, era atrevido el juicio de quien arrastra la experiencia, era pobre no atreverse a mirar con el propio corazón.

Quizás todas aquellas frases-diana que la juzgaban -y que en otro tiempo la hirieron tanto- iban gritando mucho más. Un frustrado “te quiero”, un invisible “nomeolvides”, una manera cobarde de hacerse notar cuando no se tiene nada que perder. Aquel juego de divisiones y orgullos era su última carta.

Tenía un corazón tan de hierro que el día que lo escuchó latirle a fondo, por aquella mujer, no fue capaz de reconocerlo como un hombre.

Puede que aquella fuera  su parte insobornable.

 

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9 comentarios en “La parte insobornable

    1. Hay cosas que no se compran: como las emociones, el amor, los sentimientos, los pensamientos… No hay precio posible, son pertenencias nuestras.

      Besos, José. A.

    1. Somos algo-bastante más que un puñado de latidos, nos componemos de mucho más. Y una de las primeras cosas es estar bien con uno mismo, sentir ese amor es la base.Si esa parte no va, o peligra, los latidos son inútiles.

      Besos, Johan.

Te escucho...

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