Aceptar los cambios

Miro al muro y vio las sombras de unas palmeras que ocupaban casi todo el testero. Le pareció una imagen paradisíaca. Sonrió al recordar lo pequeñas que estaban en aquel invernadero, cuando las compró, y lo mayores que se habían hecho con los años y sus cuidados. Este año, por primavera, habían sido madres y lucían esplendorosas.

Pasó las manos por aquel césped artificial, se concentraba en la sensación que sus palmas le dictaminaban, era agradable escuchar la voz de los sentidos, algo tan nimio a menudo relegado a un segundo plano. Mientras fumaba recordó lo que había allí antes de aquella alfombra verde: dos tumbonas donde solía leer y tomar el sol por las tardes, que ahora habían pasado a ocupar la habitación pequeña del garaje.

Se dirigió hacia la piscina, se quitó el bikini con el sol en mitad del cielo y se bañó desnuda. También era otra su actitud, había ganado naturalidad, pasotismo, en vistas que le daban igual las vistas o las críticas, puesto que estaba en su casa y podía disfrutar de aquella sensación tan instintiva, tan apetecible.

Bajaba las escaleras aclimatándose al agua cuando encontró en el camino  que faltaban baldosas sobre la meseta  del primer escalón ¿quien habría sido el albañil?. Sobre el agua flotaban todo tipo de colecciones de objetos, reunidos a pares: dos pistolas de agua, dos flotadores, dos pocoyos. Mas allá de donde alcanzan los ojos un chupete navegaba solitario confundiéndose entre el agua, y sobre el fondo, en lo más inaccesible descansaban otros bienes olvidados: una pelota, un folio y una tarjeta de vocabulario.

Sobre la superficie las piedras blancas se amontonan sin orden estetico alguno, buscando huir de episodios pasados en los que casi se hacen ricos los de desatranques.

Le seguía gustando lo de siempre: el verano, el sol, fumar en pipa de agua, la música sonando bajita en el altavoz mientras buceaba algunos largos… y le encantaba aquella nueva “basurilla” que se había instaurado -temporalmente- en su piscina para recordarle que ahora tenía dos tesoros muy grandes en su barco, que se despertarían en breve para seguir con las clases de navegación.

Hay cosas que cambian y otras que no. – pensó. Es el curso natural de todo, nos es factible recordar, incluso inevitable… aunque esta bien saber que hay que hacerlo siempre con el timón hacia adelante.

Y se dirigió a la orilla de la cocina y se preparó lo imprescindible: un vaso de leche muy fría con triple de cacao y extra de galletas.

Aquel era, entre los demás, un placer casi eterno.

Juegos-de-Piscina.

 

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8 comentarios en “Aceptar los cambios

  1. Hay algo que se disfrute más que bañarse desnudo? Y si las galletas en vez de ser galletas son un bollo de chocolate, placer eterno forever! Cómo es eso de fumar en pipa de agua? Besitos Stunner

    1. Pues otro placer más…jajaja, es mucho más suave y con sabor a lo que prefieras. El tabaco lo dejé hace más de diez años y hace dos que fumo en cachimba…si, tampoco tiene que ser bueno del todo …pero no abuso.

Te escucho...

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