Le llamaban Gala

A ver, no se como te lo voy a explicar, pero lo intentaré.

Llevamos conociéndonos mucho tiempo, pero de aquí a unos meses te vienes comportando muy rara. Unas veces llegas fría y desapacible como la escarcha de diciembre , otras encendida como el viento de fuego de un desierto. A decir verdad, según se te antoje …y no, no hay botón mágico que controle tus variaciones. Te lo voy a decir ya de una  puñetera vez: me tienes frito, perdido en tus oscilaciones gamberras, que yo por supuesto no puedo evitar, como hiciera fácilmente en días pasados.

No me salen los números, ni las cuentas…cada día me desnudo ante tí ofreciéndote una carga de oportunidades más. Que al menos volvamos a disfrutar de ese tiempo juntos como solíamos hacer, esos instantes en los que dejábamos correr los ríos de la transparencia deshaciéndonos de toda la suciedad colindante…Y nos hacíamos uno al otro contándonos secretos y volviéndonos materia líquida o perfume.  

Ay! que fue de ti, mi dulce castigadora… ¡ahora todo es tan distinto!… vengo del  día, cansado, hastiado de tanta prisa y estrés, con el sudor abigarrado a mi frente como un sombrero y tú me recibes con ese hervor tan impredecible que gastas, convirtiendo nuestra habitación de sueños en una misera sauna de vapor que empaña todo cuando encuentra: el espejo, la mente, el entendimiento.

También recuerdo el último invierno ¡como olvidarlo!, penando por tu contrariedad y esos: tus chuzos de punta. Echando de menos los días en que atemperabas mi cuerpo con la lluvia de la dulzura, caías sobre mí como la gloria… y no,  no había hielo que soportar, dispuesto a sacarme como lo has hecho, de los quicios de mi iglú. 

Vale, no he conseguido nada contigo.

Todo han sido avances fallidos en nuestra lucha diaria y eso que lo he intentado prácticamente todo. Probé harto de marearme a consultar a distintos especialistas en la materia y aunque fueron muchos los que te observaron, ninguno dio con la tecla mágica…y yo volvía a ilusionarme y desilusionarme como un tonto, volvía a tus inexplicables remojones de los que me convertí en una víctima más.

Eras un inestable aguacero capaz de decir siempre lo mismo. Sonaba tu misma música en mis oídos, el mismo cuento sobre mi cabeza, la cantinela desapacible de los cortos y breves espacios en los que mi piel te abrazaba, hecha ya un sayo y todavía podía aguantarte. Me convertí en un chubasquero para no sentir ni padecer tus extrañas lluvias, afincado siempre a la eterna duda …

¿cual será la temperatura hoy?.

 

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A ver, señor. Se lo voy a decir ya claramente. Se nota que quiere a su ducha, que ha penado lo suyo con ella, que la conoce casi a la perfección…todo ello no quita que esté francamente rota, el termostato averiado y probablemente tenga más cal en sus entrañas de lo que usted imagina. Solo es una columna de hidromasaje, aunque se llame Gala y en otro tiempo eso fuera, olvídese.

Sí, ya se, se la desistalo y no quiere otra igual.

 

 

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23 comentarios en “Le llamaban Gala

    1. Eso es lo mejor, el final.
      A mi tambien me ha gustado el resultado, trataba de que fuera así, inesperado, aunque no se si mientras se lee alguien -atento a los detalles- ha logrado imaginarlo, de que se trataba.
      Siempre me ha gustado esa perspicacia.

      Un beso, Oscar.

      1. No digas tonterías, a mí sí me pareces inteligente. Además ¿que es ser inteligente para ti? Porque para mí abarca muchos aspectos relacionados no sólo con el intelecto sino también con el comportamiento y el carácter.
        En ese sentido yo también carezco y tengo partes q mejorar, cosas con las que curtirme aún.

      2. Gracias cariño. Yo lo del comportamiento y el carácter lo achaqué siempre a la personalidad, la verdad. Nunca dejes de curtirte y de aprender. Eso te hará más grande de lo que ya eres. Besitos Stunner

      3. Sí, una parte la lleva la genética, te lo dice la madre de dos mellizos muy distintos…y a eso añadimos nuestro paso por la vida, que todos queremos que sea ideal, pero lo que realmente nos cambia y nos moldea son los momentos difíciles.

        Grande no soy pero tampoco pequeñita 😉

        Muchos besos.

      4. Por cierto, no es nada fácil dar esos giros a la historia y que en dos líneas se te caiga la idea que te habías montado…

Te escucho...

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