La ví pasar

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Hoy la ciudad invita a callejear con su primer sol atestiguando las promesas del verano. Alicia ha salido llamada a confundirse entre la muchedumbre. La gente es nada y Alicia: todo, un huracan de sombras que necesita abrigarse entre el calor de la urbe.

Camina despacio, hacia delante, haciendo surcos ondulados, sintiendo el breve roce del tumulto que se agolpa cerca de los comercios.

Juega  a no ver, a no ser entre un aluvión de caras que vagan con objetivos concretos y cierra los ojos, aguantando la certidumbre de saber que será muy posible estamparse en cualquier momento.  En este recreo hay un camino de regresión, y lo siente tal cual… una vuelta al borde de la oscuridad, un final de la acera en donde el humo oxigenado de los viandantes es un desafío, una esperanza con la que sobrevivir.

Llega a la esquina y ve pasar  una duda aligerando, con su largo pelo ataviado en dos trenzas y su mirada cambiante… dejando tras de sí una ráfaga de polvo gris centelleante. Mana su presencia, se propaga y finalmente se va, tintineando como una estrella en mitad de la noche o un reflejo inconsciente de algo que la asusta y la posee, con saña y lentitud.

Baja por el callejón del sueño. Hay miedo alrededor de sus piernas, silencio en el aire, niebla en sus ojos… y sucumbe a la necesaria tentación de abrirlos. Al hacerlo, misteriosamente la multitud ha desaparecido, como si de repente formase parte de una fotografía ya tomada hace mucho tiempo en donde todo permanece intacto.

Se siente desnuda, aunque está vestida y hace frio en sus huesos. En los escaparates anidan relojes de tiempo inundados por la marca de la existencia, perlas que se tejieron bajo los océanos y otras joyas de orfebrería, arrancadas en secreto de su origen  para ser convertidas en caprichos ostentosos.

Por un momento, se deja llevar por ese lenguaje musical que tienen los objetos cuando impera la quietud y se extasía el alma. Una bolsa vacía rueda hasta sus pies, se mueve la tela de un paraguas abandonado en una papelera, las nubes se deslizan por el cristal de los escaparates y los arboles danzan al final del callejón, todo es un equilibrio de luces y perspectivas que trae consigo parálisis… como un veneno que va instalandose poco a poco.

Alicia tiene los ojos  más abiertos que de costumbre y al mismo tiempo terriblemente sucios. Bajo su mirada sesgada no hay claridad …. La visitan destellos pasados de un trauma, a los que ha ido poniendo nombre, desglosando, entresacando como una madeja anudada…y aun así, continúa persistente la sorpresa en la inverosímil autopista de la mente.

No corras, preciosa.- le dice alguien en su cabeza.

Hay baches en la carretera.- advierte esa voz.

Sin darse cuenta huye despavorida, arrastrada por un caudal turbio, repite el mismo patrón.

Sube deprisa las escaleras hacia la plaza y entra en la tienda. Se frota los ojos intentando rescatar el color de  un arco iris ya desaparecido de sus pupilas. Habla con la dependienta, compra y se va.

Al llegar a casa siente una calma vieja. Respira. Se quita  las gafas que acaba de comprar y las coloca meticulosamente en una balda, junto a las 450 restantes. Escribe un post-it que adhiere a su última adquisición.

“Asombrada pienso que proyectamos nuestra insignificancia

que viene a ser nuestra grandeza”.

 La estantería es un muestrario de filosofías y filtros, trozos con los que Alicia hace piruetas para poder ver el mundo a su manera. O no verlo.

Desde su ático en el 12º piso de la avenida de las batallas,  decide sentarse en la cristalera a despedir otro día. Esta vez sin sus gafas …  sin nada de ropa,  sin nada de cortinas, sin nada de sueños…  trata de distanciarse hasta de sus pensamientos “es solo un momento, resiste, también pasará…”.

Mientras,  el sol se va alejando por la línea de sus piernas para esconderse entre los edificios.

Sonríe, preciosa– le dice aquella voz.

El agua sucia asoma al borde de sus ojos, pronto esa lluvia acabará limpiando su mirada.

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15 comentarios en “La ví pasar

    1. Es una mujer difícil, Toro,…dificil y profunda. Creo que son dos terminos que la describen bien.

      Una colección de lo más extraña, pues ella cree ver bien. Lo mejor son los trozos de filosofía que quedan tras cada paseo con cada par de gafas.

      Besos.

    1. Pues juraría que en parte de ese relato a Alicia le hubiera gustado ser simplona y menos emocional.

      Pero tú no lo eres, Alter. Tu eres pura simpatía y buen rollo.

      Besos.

    1. Eso es porque forma parte de un inconsciente, una pesadilla, una mente con reliquias pasadas.
      Si merece un hueco en tu estante ya me parece un honor…con el buen ojo-pluma que tu tienes…jejeje.

      Besos.

  1. Alicia es un poco de otro mundo, de esas personas que pasan y te rozas y a veces no te das cuenta hasta que se van y te queda su aroma y su ausencia.
    Que precioso retrato le has hecho a sus brumas….
    Tenía tantas ganas de leerte de nuevo…
    Besos, niña linda.

    1. Eme, Alicia es tan contradictoria y compleja que solo alguien como tú podría describirla con esa amabilidad. Ella está acostumbrada a otras palabras. Algún día reconocerán esa ausencia, como yo reconocí la tuya.
      No sabes la sonrisa que me salió al volver a verte por aquí y saber de tí.

      Besos, mi chica..

    1. Mis historias tienen parte de cosas que yo he vivido o he visto, solo que llevadas a formato literario, por lo cual no son al cien por cien reales.

      Para entonces esperemos que ya no necesite gafas…

Te escucho...

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