En los márgenes de una ciudad

 

 

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Mientras me hago a este lugar tan conocido,

elijo sentarme en el mismo banco que años atrás

en su compañía.

Tengo que esperar a que algo suceda

quizás solo sea la necesidad de aceptar,

y cuento los minutos hasta que mi tren se aleja.

Entre el equipaje llevo una curiosa libreta,

en la que algo podré escribir si ando fina,…

aunque ella es buena susurrándome ideas.

No se sabe que saldrá de esta misión nuestra desconocida,

si las agujas de la memoria

serán o no expertas en descoser lo vivido…

O anudarán sobre mi flequillo mil marañas más

que la dichosa se atreverá a desenredar con desgana.

Por fín me atrevo a decirle…

“Tu siempre fuiste bella,

aunque ahora mismo no sepa mirarte…

perdona si no lo consigo

si entre tus rincones me niego a admirarte.

Imperfecta eres por la gracia que compartimos,

presiento que así me gustas más

y es por ello que he venido a buscarte.”

Todo eso le digo.

Mi yo atrevida. Una nota nueva.

Aunque ella aún se muestra fría,

mujer implacable…

mar sin mar,

centro de los centros

símbolo de bravura

con mirada oblicua

hace del gris su escuela más vital

mientras espejean sus sombras por la duda.

A pesar de todo,

van correteando los mañanas por sus ojos,

con prisa y con temple…

la contemplo, me apresuro…la siento…

cada día amanece una distinta

y admiro esa gracia suya tan tímida

¿`porque será que solo me quedo en sus esquinas para no ruborizarla?.

Y todo este dialogo… un poco loco,

un poco surrealista,

un poco travieso…

lo mantengo con ella: mi ciudad.

Desde donde el Sol no sale hoy

para escurrir más lluvia.

Desde donde por fin me saluda

¡hola! ya era hora…

andaba perdida hasta ahora

dandome bofetadas y bienvenidas

como si en algo concordaran.

 

Pero no es ella,

finalmente….

Soy yo… y ya soy muchas en esta ciudad.

Multitud de partes inconexas.

Multitud de cajones con porqués y respuestas.

Multitud de candiles de luces apagadas con  mecha prendida.

Y ya quiero irme tras el arrebato,

porque he venido, he estado y he vuelto a vivir…

en la trampa de sus arterias,

permitiendo que esta misión fluya

como sangre en mí interior

con todo lo nuestro

lo agostado entre las violentas calles…

lo altarizado entre los jardines de ensueño…

 

Vuelvo a mirarla sin cansarme

realmente no se si la estoy mirando a Ella

o es a mí a quien miro.

Y miro sus gentes.

Y miro su culpa.

Y miro su silueta al final del tunel de estos versos.

Todo tan necesario como los ojos que me robó.

Que son -precisamente- los empeñados en que todo sea,

y al mismo tiempo, nada es como ellos dicen.

 

Para despedirme diré que también sabe ser traidora,

escondiendo tribulaciones o rarezas… entre sus balcones,

acumulando taras para formar un lodo pegajoso,

adicto como lo es la mundanal tristeza .

 

Todo  se sucede en la ciudad de lo posible

hoy alguien asalta unos versos,

los secuestra

y los duerme para siempre

metiendolos en el saco de un paréntesis.

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7 comentarios en “En los márgenes de una ciudad

  1. Solemos tener una relación de amor-odio con nuestra ciudad. Siempre digo que me iría de Madrid sin dudarlo pero estoy segura de que, si lo hiciera, en algún momento me gustaría volver. Un besote!!!

    1. A mí mi ciudad me gusta, me siento cómoda pero a veces me gustaría que me ofreciera más y no da. Ahora nos van a construir un Decathlon y estamos tirando cohetes…jajajaja.

      De Madrid no se olvida uno facilmente. A mí para vivir no, pero unas vacaciones o una escapada me gustan.

      Besos.

  2. Pero al final, ¿quedó bonito lo que anotó en la libreta o no? Al final muchas veces eso es lo único que importa, ya que una ciudad puede ser maravillosa para alguien y lo fucking peor para otra persona. Tanta subjetividad es horrible, pero unas buenas palabras no hay quién las desdiga, aunque no las comparta^^

  3. Cuando se contempla la ciudad como una criatura viva, muchos ven que puede llegar a ser, incluso, aterradora… Cuantas arterias y venas por recorrer, cuanto movimiento. Incluso parece que siente gustito con los paseos de sus viandantes. ¿Y la misión de pasear hasta su corazón? A mi siempre me resulta difícil caminar con tanta tensión arterial, casi como si tuviera amalgamas de colesterol y plástico, difícil no salir con la cabeza hecha un bombo, hasta que tocas su esencia o ella te toca a ti. Es un caos cíclico, supongo que aquellos que pueden caminar hasta las fronteras marinas, hasta su piel, pueden coger bocanadas de aire energizante, se eriza el vello y se sacude, nadie se inmuta y sigue respirando. Muy bonita entrada, cuanto amor.

    1. Me encanta tu comentario, tu si que supiste coger la esencia de esa ciudad, haciendo otro poema del poema. Poco me queda decir más que me encanta que lo hayas apreciado y completado con tu inspiración y experiencia.

      Un abrazo.

Te escucho...

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