Esos que tambien nos hacen…

A raíz de leer a mi amigo Oscar del maravilloso blog historias tras tu DNI  me he parado a pensar en la innumerable cantidad de defectos que tenemos las personas y que tantas veces no contamos a la gente. Hoy ando generosa y voy a relataros algunos de los míos.

El primero me acompaña desde que nací. El defecto en sí tampoco es que sea una cosa realmente importante, pero durante los años que ocupó mi infancia le dí más importancia de la que tenía y derivó en complejo, ya que en verano era muy visible y yo no paraba de ocultarlo…mi querido ombligo.

Amigos y amigas…hoy lo confieso: nací con el ombligo terriblemente feo ¡que cosas!….la tripa no se cerró y aunque me intervinieron quirúrgicamente yo era muy bebe y no paraba de berrear con lo cual no sirvió para  nada, aquello volvió a su ser…su estado digamos “difícil de mirar” no me ayudaba a aceptarlo como tal.

Durante años, los médicos le decían a mi madre que tenía que revisármelo porque podría acarrear problemas cuando me quedase embarazada y eso es lo que hacíamos, cada cierto tiempo: recordabamos al innombrable. Por suerte mi particular ombligo se cerró, pero como le vino en gana a él, que no era la forma en que me gustaba a mí precisamente.

Recuerdo los muchos veranos que las chicas se ponían bikini y yo bañador para ocultarlo o las veces cuando aún era pequeña que mi madre me escogia los bikinis y yo me subía la braga hasta donde no se veía aquello…mi ombligo. Hay fotos que dan constancia de los hechos con los que ahora me río, pero entonces eran harina de otro costal.

Yo soñaba con uno de esos ombliguitos de mis amigas en los que se metía el agua y el dedo y no se veía la tripa, esos ombliguitos cerrados perfectos…y yo me doblaba el mío a los ojos del espejo para intentar que fuera como el resto. Tenía suerte, era una chica con buen cuerpo, pero me faltaba aquello, aquello que no me permitía lucirlo al completo.

Le dije a mi madre que quería operarme y ella -muy sabia entonces- me dijo que me fuera a freir esparragos, que era un ombligo grande pero tampoco era para hacer de aquello el centro…aunque -valga la redundancia- estuviera en el centro.

Me pilló una adolescencia en la que se llevaban las camisetitas cortas, preciosas, adorables, deseadas… con las cuales yo podría haber lucido mi por entonces cintura de avispa…pero me lo tenía terminantemente prohibido: aquello diferente no podía verse a los ojos de los comunes ombligos de la sociedad.

Así seguí unos cuantos años más hasta que definitivamente tuve que aceptarlo. Era mío, no de la vecina…así que un día me atreví a ponerme bikini y descubrí absorta que no pasaba nada. Ni el mundo se hundía ni atraía tantas miradas como yo hubiera pensado.

Poco tiempo más tarde hice topless y ahí si que descubrí claramente que mi ombligo definitivamente no era el centro de los centros….jajajajaj. El caso es que tambien andaba acomplejada con mi pecho, que no era muy grande y con aquello, dejé otro defecto atrás.

Crecí, maduré. Me dí cuenta que el físico no lo era todo, llegaba a la vida queriendo hacer las cosas que me gustaban lo mejor posible, perfectas, queriendo tener el control de todo lo habido y por haber y eso, sabemos que ni es posible, ni produce felicidad.

Eran estas terquedades defectos que estaban más adentro que un simple ombligo. Y como no lograba que todo saliera a mi gusto…  me salia la vena chinchosa.

Cuando construí mi casa, mi marido y yo eramos los promotores, con lo cual teníamos que lidiar con peritos, arquitectos, constructores … una tarea de órdago pero que tuvo su recompensa en que al final la casa acabó a nuestro gusto. Sin embargo, pasé las de Caín porque las obras traen cantidad de quebraderos de cabeza, problemas y soluciones a los que has de darle salida día tras día. Ya un albañil muy caradura me dijo…eres una chinchosa. Sí, llevaba razón, pero es que quería -con su imaginación- hacerme una cosa que nunca se había visto…un castillo en vez de un  simple muro en la casa. No lo dejé, evidentemente.

Resumiendo, no puedo escapar de lo que soy porque una es como es. Seguiré teniendo este ombligo y a veces, siendo una chinchosa perfeccionista. He aprendido que hay variables que no podemos controlar y es bueno saberlo para no autoexigirse tanto. Reconozco que de mi chinchosura tambien han salido capitulos memorables de risas y eso me hace creer que los defectos están ahí para divertirnos, aceptarnos y hacer del mundo una diversidad siempre apetecible.

Tambien, por suerte, tengo muchas cosas buenas, pero esas las dejo para otro post que aquí venía a hablaros de esos que tambien nos hacen.

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23 comentarios en “Esos que tambien nos hacen…

  1. Muchas gracias por la mención, eres un encanto. Qué pena ser adolescente y pensar como un adolescente, jejeje. Seguro que estabas bien buenorra aun con el ombligo para adentro y tú ahí privándote de lucir tipazo. Hasta que cambiaste de extremo y te liberaste de todo, jejeje. Me ha hecho gracia que te dieras cuenta que teniendo algo más llamativo los hombres pasan del ombligo. 🙂 Es bueno tener defectos, porque como dices también nos hacen. De hecho, eres como eres gracias a ellos. Y no te cambio por pulir uno de los que tienes. Besitos stunner

    1. Casi todos hemos pasado esas etapas y algún que otro complejo. Lo ideal es que nos quieran y nos acepten en todos los sentidos, sea físico o interior.
      No me importa admitirlos, tampoco es cosa de que los vaya proclamando ni dejarlos ahí estáticos, siempre podemos mejorar con la vida, pero tampoco es cuestión de ser nuestros peores jueces.

      Sí, es ciertisimo, a los hombres el ombligo les da absolutamente igual…jajajaj.

      Besos solete.

  2. Mukali muy bueno tu final eres como eres, somos muy quisquillosos ( sobre todo las mujeres) sacándonos defectos a nosotras mismas lo que para ti no es de tu agrado que veo que ya si, para otros es lo más bonito entre las muchas cosas maravillosas que tienes. Enumera lo increíble que eres y el resto… a quien no le guste que no mire que vales un montón !!! besos grandes.

    1. Muchas gracias Silvy por tu consejo y por el halago.
      Es cierto, nos autoevaluamos demasiado. A veces simplemente deberíamos dejar que la vida nos pase rozandonos, sin tener un solo pensamiento de crítica o exigencia.
      Cada uno de nosotros somos únicos y estamos compuestos de particularidades maravillosas que nos hacen valiosos. Es bueno saberlas y recordarnoslas cuando las cosas vengan mal.

      Un abrazo grandote.

  3. Eres deliciosa. Y no lo eres pese a tus “defectos”, sino con ellos incluídos.
    Yo no creo en los defectos, creo en la diferencia. Y me gusta.
    Besos hermosa mukali.

    1. Yo tambien creo en esa diferencia de la que hablas, en las cosas y personas que nos complementan, que no son iguales a nosotros.

      Gracias por no ver mis defectillos, jejeje.

      Un abrazo solete.

    1. Exacto y hay que aprender tambien a valorarlos y a considerarlos dentro del todo que es nuestra personalidad.

      Si lo aceptamos sabremos cuales son nuestras debilidades y flaquezas y las tendremos en cuenta a la hora de actuar de una forma más plausible y adaptada, sin que nos pille el toro.

      No hay nadie perfecto.

      Besos.

  4. Opino como Johan, pocos defectos me parecen esos. Ser chinchosa no es ni malo y que lo más feo que tengas, y habría que ver si de verdad es feo, sea el ombligo, pues tampoco. Nada, que casi rozas la perfección, Mukali. Besos

Te escucho...

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