Entrenar esa capacidad

Era viernes y se percibía, en el ambiente de ajetreo, el cierre vacacional. Fuí a la clase de mi compañera a echarle una mano. Ya había estado allí unas cuantas veces, siempre que tenía libre, pues le había tocado en suerte una promoción difícil en donde se juntaban niños con problemas diagnosticados, niños problemáticos y niños con entornos desfavorecidos. Todo un reto que requiere de una ayuda que la realidad de aula verdaderamente no posee.

  • Ya no se que voy a hacer…- decía nerviosa, hay días que me voy contenta a casa y veo progresos y otros en los  que acabo desanimada y sin fuerzas.

Traté de calmarla diciéndole que era algo normal, que hay situaciones que requieren tiempo y esfuerzo…y que lo importante es mantener una actitud positiva en todo momento; no hay que castigarse sintiéndose culpable por realidades que a veces se nos escapan de las manos. Paciencia era la palabra compartida, tan difícil a la hora de la verdad.

La clase seguía alborotando en cada cambio de rutina, así que saqué mi lado  más malo y me puse a hablarles con seriedad. En ocasiones, los niños necesitan autoridad…tampoco es que yo sea la panacea en el asunto, pero en aquel momento, mi discurso pareció calarles.

Mientras movía la cabeza con el repiqueteo del sermón, sucedió lo incontrolable. Un mechón traicionero cayó sobre mi ojo como una flecha, apuntando con un movimiento que  resultó llamativo a los ojos de los niños.

Todos me miraban atentos,  pero Rosa, a la cual tenía a escasos dos palmos, aún más.

  • Seño, se te ha caído un pelo en el ojo – me advirtió tímidamente.

En ese momento quería reirme, pero sabía que no podía hacerlo porque eso tiraría por tierra el aprendizaje. Pero tenía que decir algo, tenía que decir lo que fuera y rápido… había sido demasiado evidente esa tomadura de pelo que mi propio pelo -valga la redundancia- me estaba haciendo.

  • ¡Ya lo sé, ya lo se!…. déjalo ahí, que de ahí no se cae….- se me ocurrió decir fingiendo seriedad, mientras volvía a colocarlo hacia atrás con las gafas.

Pero Rosita seguía mirándome con atención, con la certeza de que tenía que expresar una emoción guardada…  así que, bajo esa frescura de la que solo presumen los niños suspiró para sí…

  • Ay, seño! ¡Qué guapa eres!

Ya sí. Ya tuve que reirme porque no aguantaba más.

¿A quién no le gusta que le digan algo así?.

Al diablo la seriedad, el comportamiento y los cuentos chinos.

Ese pequeño instante, ese trozo de día, la risa … tenía que escribirlo para demostrarme a mí misma que aún tenía la capacidad de ver  lo bello.

 

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14 comentarios en “Entrenar esa capacidad

  1. si es que ya se sabe…los niños siempre dicen la verdad! 😀

    P.D. te leo SIEMPRE aunque NUNCA te escriba, no porque NUNCA me acuerde de ti, sino que SIEMPRE se me lian las cosas y no puedo

    Millones de besos!!

    P.D. hay que repetir esa tarde de isleta de sofás frente al mar XDDDD

    1. Los niños dicen verdades como puños ahora que tambien van aprendiendo a decir mentirijillas…jajajaja, lo que pasa es que se les descubre fácil.

      A quien le digamos que tuvimos una tarde maravillosa de sofá frente al mar con dos pares de gemelos, no nos cree…jajajaja. Lo pasamos genial y me acuerdo mucho, mucho de tí, tu tierra, el mar y la gente de por allá. Claro que repetiremos, deseando estoy de que encontremos hueco.

      Mil besos pa tí y tus dos flamencas.

    1. Totalmente de acuerdo.
      Me alegro que compartamos esa bonita labor.
      Escucharles es algo que aporta y de todas las actividades del día: la asamblea, en la que dialogamos, es mi parte favorita.

      Besos.

  2. Probablemente los ojos de los niños sean los que con más profundidad vean la realidad que nos rodea.
    Esa niña no dejó de constatar una verdad que, a todos los que te leemos y te vamos conociendo a través de tus palabras, también nos resulta evidente. Eres tremendamente hermosa. Tanto como la mirada de los peques.
    Muchos besos.

    1. La mirada de los peques es más hermosa porque aún no se ha estampado con la vida y está llena de frescura, de inocencia, de verdad.

      En todo caso, me hizo muy feliz y no por el halago mismo, sino por la forma, el contenido y como sucedió en sí. Fue muy gracioso.

      Besos guapa.

    1. Bueno, esa frase está un poco sobrevalorada… si que mienten, pero para salvarse el culete o en una situación de peligro… halagos gratis o hipocresía…de eso no gastan.

      Besos Jesus.

Te escucho...

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