Las palabras que verdaderamente sangran.

“La voz me sangra”.

Cuando me dijo aquella frase solo llevábamos dos minutos hablando. Pensé que tal confesión solo puede pronunciarla  un tú a tú hecho de confianzas, pero no, eramos solo dos desconocidas en un lugar matemáticamente común.

La piel se me volvió de cartón mientras escuchaba como sus palabras y los sonidos difusos desprendidos al contacto con el aire pueden doler mucho físicamente.

Yo llegué como un número más entre el azar, para ocupar su lugar de sueños. Su segunda habitación de niñez y la cuna de su frustrada vocación.

Le prometí que cuidaría de su rebaño de “ahíncos” mientras ella se asía a la idea de que ya nunca más podría desempeñar la labor para la que había nacido.

Como le dolían las palabras le sugerí que usáramos la pizarra y allí pude descubrir gráficamente el mapa conceptual de su vida.  El día que enfermó su garganta, la hora en que una negligencia médica torció su destino, la testarudez humana empeñada en intentar lo imposible sin valorar la propia limitación,  y finalmente, el dolor de la aceptación alejándose de lo que la perjudicaba pero la hacía tan feliz.

Eramos dos maestras en un taller de auto-aprendizaje. Teníamos decorados de invierno, nubes preciosas rellenas de algodón a las que le colgaban hilos de pescar con sus gotas, numeraciones con canciones remanidas que tantas veces habríamos cantado y libros, infinidad de libros llenos de esa primera aventura del saber.

Le dije que todos hemos nacido para algo, eso lo tengo claro, que cuando se trunca el sueño personal que cada uno de nosotros albergamos (por variables ajenas incontrolables) solo hemos que cambiar la forma de hacerlo posible. Y siempre hay una solución para cada desdicha.

La enseñanza nunca se alejará de tí…¿sabes porque? la llevas contigo, de la mano, de viaje y es el camino que has de seguir recorriendo. Tienes que encontrar la fuerza y la forma de hacerlo posible sin que te duela.

Ella me escuchaba emocionada mientras otra inquietud silenciosa me habitaba a mí, de fondo y de lleno. Como si me hubieran echado un bote de pintura encima de la cabeza.

No diría más eso de que las palabras pueden herir, cortar o llagar de forma metafórica…Eso no es del todo cierto, somos nosotros los que dejamos que -inundándonos- lo hagan.

Las palabras son vías, entes transparentes y milagrosos que nos permiten construir la voz, la luz, el lenguaje, la vida y los sueños. A partir de ahora empezaría a valorarlas de otra forma, a sentirme privilegiada de tener esa capacidad y a hacer de ella mi escuela.

Nos despedimos a través de ese lenguaje no verbal, sin fronteras, sabiendo que nos dejábamos la una a la otra en dos puntos muy distintos pero probablemente cercanos. Estaba segura de que aquella chica, aquella valiente y anónima heroína, me habían regalado el verdadero sentido de la palabra doliente.

Y es que la misma vida y su fluir es otra escuela si nos detenemos a escucharla.

 

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19 comentarios en “Las palabras que verdaderamente sangran.

      1. Tiene que ser muy difícil dejar algo que te encanta y por lo que literalmente has acabado dejándote la piel. Quiero creer y de hecho estoy casi segura de que no acabará triste, se recuperará y florecerá la enseñanza en ella de alguna de las maneras posibles para su limitación.

        Un abrazo Alter.

  1. Siempre nos quedarán las pizarras y los cuadernos con bolis para que esta gente maravillosa no se quede sin decirnos las cosas alucinantes que seguro que guardan dentro. Es bonito, es triste y habla de algo que me da mucho miedo siempre… de ponerme en manos de los médicos y salir peor parado por culpa de una negligencia :S

    1. Eso es, Holden, justo eso… Que sigan existiendo medios para que personas como la de esta historia pongan su voz y su eco en el mundo.
      Estas son las heroinas anónimas que habitan nuestro mundo, de carne y hueso batallan cada día, tal vez por su propia causa, pero un día puede que sea la de cualquiera de nosotros. Ojalá se le reconozca el error cometido y se repare en lo posible su dignidad.
      Hablar volverá a hablar aunque sea bajito y presiento que será de esas personas que guste oír.

      Un beso.

    1. Si, Efe.
      Porque hasta las tristezas guardan belleza y mucho de escuela.
      Lo conté tal como yo lo sentí. Ella seguro que tendría mucho más q aportar.

      Besos.

    1. Muchas gracias, Henar.
      Eso trataba de hacer: de las palabras caricias y del homenaje un abrazo a mi compañera.
      Me alegra que hayas captado esa esencia.

      Un abrazo.

  2. A veces ocurren estas cosas, se nos cierra un camino y nos quedamos con un montón de capacidades que sentimos eran toda nuestra vida y ahora no son nada… ¿Nada?. No estoy tan segura. Creo que se pueden explorar otros caminos. Que cuando uno acaba hay que buscar el siguiente.
    Y no, no es fácil, ni rápido, ni bonito. Pero es necesario. Y a veces, solo algunas veces, puede que incluso mejor.
    Es precioso como lo describes, pero claro, lo llevas dentro. Todo. Especialmente la belleza.
    Un abrazo.

    1. Es eso, Eme, de lo que va toda una vida, ir explorando caminos y desechando opciones que se nos van cerrando.
      No es fácil, claro que no. Se lo que es estar años persiguiendo ser madre, yendo tras ese sueño, de una forma de otra..y por suerte yo lo conseguí…pero tambien se deja uno otra parte de sí misma en los intentos, en las derrotas, en cada frustración.

      Escribí esto como lo sentí con la chica porque yo la entendía muy bien desde otra perspectiva muy distinta del problema.

      Besos guapa.

Te escucho...

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