Dos vidas en estampida.

Jerónimo

Toma su café matutino en su bar de siempre. Encuentra una pila de folletos sobre la barra. Coge uno. Lo lee mientras degusta su sabor favorito. Interesante– piensa.Se lo lleva a la consulta. Lo coloca sobre su mesa de trabajo. Comienza la semana ¡qué lejos se percibe el viernes!, pero esta vez tiene una ilusión relacionada con algo que ha leído en ese papel.

Arantxa

Toma su siempre delicioso zumo de naranja y recoloca la mañana sobre la agenda. Tiene algunas marañas en la cabeza, que prefiere no escarbar. Completa los registros mientras observa como las gotas de un día gris se resisten a convertirse en nieve. Sale al tugurio del invierno. Coge el autobús, su coche está averiado, se queja.

Jerónimo

Hace las llamadas pertinentes para dejarse libre el viernes. Mientras tanto, recibe otra, a la que contesta: “vale, no te preocupes. Te esperaré”

Arantxa.

Hace una llamada, “Llegaré un poco más tarde, es irremediable”.

Jerónimo.

Mientras la espera, observa de nuevo el folleto. Lo relee, lo visualiza, lo imagina. No le gustan las concentraciones multitudinarias, pero esta tiene algo distinto. Quizás sea una de esas oportunidades de “estar” con uno mismo, en piel y carne…con todos los sentidos. Algo le dice que las sensaciones están aseguradas.

Arantxa

Observa el paisaje con detenimiento. Lo relee, lo visualiza, trata de analizar la forma sesgada en que las emociones transforman su pensamiento. Quizás volver a subirse en autobús sea una de esas oportunidades de “estar” con ella misma, en piel y carne…dejando que sus instintos hablen. Las sensaciones viajan a su lado. No las huye, solo las analiza.

Jerónimo

Escucha como llaman a la puerta, es Aranxta. Deja el folleto sobre la mesa. Abre los documentos, el ordenador, su caso clínico. Aunque se lo sabe de memoria, esta mujer  siempre consigue ponerlo a prueba. Trabajar en su cabeza hace más lindos los lunes, más llevaderos. Abre la puerta, la recibe con la mejor de sus sonrisas. Esa que le sale sin querer, sólo con verla tras el umbral.

Arantxa

Llama a la puerta, escucha pasos al otro lado. Se siente acogida  tras el  frío callejero. Él la saluda con la mejor de sus sonrisas, lo cual es cálido pero incómodo también. Por lo que significa estar allí. Tendrá que sacar de nuevo las astillas, los pedazos rotos. Él la sabe, sabe sus huecos, los agujeros, la nada, el todo.

Jerónimo

Hablan de la semana, del tiempo (para empezar) hasta lo absurdo y contradictorio que no cabe en el baúl de la razón (para terminar). Hoy lo escucha atentamente, esos ojos como lagunas negras, hay algo nuevo en ellos… una fuga visual hacia la habitación. Como si pretendiera estudiarla. ¿Que le rondará hoy por la cabeza a esta mujer?. Quizás esté empezando a conseguir logros con ella, interés por  el entorno, la vida que hay más allá de su centro– piensa.

Arantxa

Hablan de la semana, del frío, ponen nombre a la oscuridad, al defecto de querer tenerlo todo bajo la manta del control. Lo escucha, como siempre, con admiración. Tiene mucho que enseñarle, le abre la mirada, la calma con palabras. Ve un folleto sobre la mesa y no puede evitar cotillearlo: memoriza un lugar, una fecha y una hora. De repente sus ojos se fugan por la habitación para estudiarla,  para estudiarlo también a él. El folleto ha avivado su curiosidad, su siempre indómita imaginación. ¿Que le rondará por la cabeza a este hombre?, piensa. El lugar de trabajo poco dice de su vida y logros. No hay  cuadro, objeto o pista que lo delaten, solo ese folleto y una estantería, al fondo, llena de libros a los cuales su mirada no llega.

Jerónimo

Termina la sesión explicándole como la respiración adecuada hace desaparecer el miedo. Le enseña a mover el aire hacia el estómago, conducirlo, retenerlo y expulsarlo muy lento. Con sus manos se asegura que aquel vientre hace correctamente el recorrido. Es una tarea que ha realizado muchas veces, pero esa mujer,..su belleza, los segundos sobre el cuerpo le trasmiten calor, un calor que hay al otro lado de la seda de la camisa. Trata de huir de ese pensamiento, “soy un profesional, soy serio…no puedo sentir, no, no,…” se repite interiormente, sin conseguir que la piel se le erice.

Arantxa

Lo escucha hablar mientras su cuerpo se vence a la horizontalidad de la camilla. Ella sabe como respirar, lo sabe, pero a veces no basta solo con hacerlo para no ahogarse. Necesitas que te guíen. Siente sus manos cálidas posadas en el vientre, lugar de sensaciones. Las mueve trasladando el aire como él le dice,  más o menos como una montaña, y  -por un segundo-  no quiere que se alejen, solo que se queden ahí para danzarlas a su ritmo. Las siente como un bálsamo , el abrigo de un páramo, la magia de una conexión. Imagina que él también lo percibe así y respira esa idea, tan instintiva, protectora y humana.

Jerónimo

La despide con dos besos. Sabe que volverá a verla. Aún no está recuperada.  Mientras tanto sigue mandándole tareas que pocas veces hace, le sale el lado rebelde. Cada día cuando la ve irse, piensa como será él día en que no la vea. Ese momento llegará. Y no quiere, no quiere perder su imagen, ni su risa, ni su abismo. Aunque otra parte de él, le desea felicidad, que no lo necesite, ni lo busque…porque buscarlo sería otra vez el freno, el fondo, el barro.

Aranxta

Lo despide con dos besos. Sabe que volverá a verlo. Pero esta vez, fuera de la consulta, en ese lugar que ha memorizado en su cabeza .Va a saltarse los” deberes” del coco y va a sacar de nuevo su puñetero lado curioso: su otro coco. Piensa como será aquel tipo fuera de su zona de confort. ¿Tendrá sensaciones y emociones?…¿será un cataclismo humano?, como ella. Quiere conocerlo, necesita saber algo más de ese hombre que el azar ha querido poner en su camino.

Jerónimo.

Anota una frase en su libreta (siempre lo hace cuando ella se va ) le ayuda a comprenderla mejor. El ruido es desencuentro y el desencuentro es humano, lo azaroso es la música, encontrarse en alguna parte.

Arantxa.

Vuelve a tomar el camino de vuelta. Esta vez hace autostop (no sabe muy bien porqué). La recoge un tipo común que con su corbata y modales impecables le pregunta: ¿sabes lo que es la relatividad? sentarse una hora con una chica bonita y que parezca un minuto y luego sentarse al lado de una estufa un minuto y que parezca una hora. Ella se ríe, le ha gustado el chiste ¿o será un piropo?

Jerónimo.

Llega el viernes. Toma el coche y  se pone el GPS. Durante la semana ha leído sobre el evento para estará informado. Se ha puesto cómodo, quiere vivirlo a tope. Quiere regar su cuerpo de unas sensaciones que hace tiempo no siente.

Arantxa.

Llega el viernes. Coge el coche (por fin arreglado) y conduce. Se sabe la carretera de memoria. Durante la semana ha leído sobre el asunto, pero sobretodo ha fantaseado con el momento en que él la vea ¿Como reaccionará?. Se ha comprado algo nuevo, se ha maquillado después de mucho tiempo. Quiere vivir la experiencia…pero sobretodo quiere encontrárselo fuera de la habitación blanca.

Jerónimo.

La hora indicada ha llegado. La tamborada comienza. Suena la señal y cientos de tambores comienzan a zumbar. Es casi media noche, las luces de la plaza tintinean con la estampida, los cristales vibran, …vibran los cuerpos con sus almas. Y es una sensación terrible. Como si algo te sacudiese los adentros. Jerónimo cierra los ojos y  todo le desaparece… solo siente su piel, su cuerpo, los latidos zarandeándose al compás de los tonos. Parece un infierno, el fin del mundo y él está en el centro del huracán. Se deja llevar por las sensaciones, fluye su adrenalina, su piel se  eriza…y de repente…

Arantxa.

La hora indicada ha llegado . La tamborada comienza. La búsqueda entre la multitud también. A Arantxa le es complicado ignorar el estruendo mientras se mueve. Ve como todos están absortos por una parálisis extraña, un mundo que parece haber pulsado el botón del pause. Se tapa los oídos para facilitar la vista. Es muy difícil  agudizar un sentido cuando el otro se satura, pero no se rinde, no cesa, no para…

¡¡¡Allí está!!! grita… mientras su voz se pierde como la de un mimo. Se acerca por la espalda muy despacio, ahora lo tiene al lado, justo detrás…Sonríe, los tambores siguen berreando…Cierra los ojos para sentir la magia, la piel del tambor, la suya y de la de él.  Acerca las manos  para tapar  sus ojos…se ha llevado un buen susto. Soy yo– le dice ..pero las palabras se autodestruyen …

Así que sin más, lo besa para calmarlo.

Sus bocas son dos trenes estrellándose.

Se dejan llevar por las sensaciones, fluyen las adrenalinas, las pieles se erizan…

En este instante…. cientos de tambores suenan música.

 

 

 

 

 

 

 

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22 comentarios en “Dos vidas en estampida.

    1. Envié sin querer. Una pasada de historia en la que saltamos de un lado a otro de la misma, viendo a través de los distintos ojos de Jerónimo y Arantxa. Se te da genial. Besitos

      1. ¡Qué bueno que te gustase, Oscar!
        Me alegro mucho.
        Me hubiera gustado dejarla más corta, pero entonces hubiera perdido sensaciones de uno y de otro que es, en definitiva, lo bueno de la historia, el comparar las perspectivas.

        Bueno, le pongo ganas, pero aún me queda.

        Besos.

      2. Muchas gracias corazón. No lo hagas! Publica más que si hay algo que no me gusta te lo diré para que lo mejores. En eso consiste… Besitos

    1. Estas es una de esas historias irrecomendables
      en las que la atracción vence a toda lógica o convención,
      pero si lo disfrutan: benditos ellos y las normas que se comieron…jajajaj.

      Un abrazo, Alter.

  1. Por eso está tan bien esta historia, porque no es recomendable y salirse de lo conveniente siempre hace que suenen los tambores. Muy bien escrita, además, como todo lo que te leo.

    1. La literatura está llena de esas historias que por inconvenientes nos encanta leer. La vida real es otra cosa.

      Gracias apaña! A ti tampoco se te da nada mal… Eh?

      Besitos.

  2. No se que opinaría el Colegio de Psiquiatras o el de Psicólogos de esta relación, pero lo que si se es lo que cualquiera opinaría sobre el relato; MARAVILLOSO.
    Cada día me gusta más y más como escribes y las diferentes voces que utilizas para ello.
    Un beso enorme.

    1. Maravillosos son los ojos con los que tu miras al leer, Eme.
      Te confesaré que me gustó mucho el resultado de este relato, pero no se, creo que le falta algo…
      Yo y mi perfeccionismo…jajaj.

      Los psicologos creo que estarían de acuerdo siempre que las partes contratantes lo estuvieran. Y es que no somos los oficios que desempeñamos, ni nuestras penas, sino aquello que nos hace felices.

      Un abrazo enorme, guapa.

  3. Una pasada de historia, no sólo por sí misma si no por cómo la has contado, además. Me ha gustado mucho leerla. Además, no sé si el resto podrán decir lo mismo, pero yo le he puesto una banda sonora exacta a tu relato, que te dejo para ver si tu pensabas algo parecido 😀

    ¿Cuál es tu veredicto?

    1. Holden, me alegra saber que la disfrutaste. Es una historia como muy curiosa, mientras la música le pone fondo y forma a la acción.

      Guauuuu…gracias por la canción, dedujiste bien, buscaba algo asi que sonase contundente, sin que fuera religioso ni una banda sonora, al no encontrarlo pues me decanté por esa otra canción un poco mística. Pero vamos, la tuya le va que ni pintada.

      Un abrazo enorme.

Te escucho...

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