Oda a las croquetas y la madre que las parió.

 

Creo que alguna vez en este blog os he hablado de las croquetas y mi devoción hacia ellas, pero para los que llegáis nuevos os pongo al día con un suceso que no tiene más antigüedad que el día de ayer y mi madre dándome -toda agradecida- la bienvenida con un mega tupper lleno de croquetitas de pollo.

¡Ay que ver como son las madres!

¡Ay que ver como nos cuidan cuando estamos un tiempecito fuera de sus casas y de sus radares!    Ni que fueramos Erasmus…

¡Ay como no hagamos las correspondientes llamadas protocolarias! nos lo apuntan en la libretilla…

Esta vez mi madre me recibía con un maravilloso regalo. Mogollón de croquetas receta de generaciones, propiedad de mi abuela.

Os podéis imaginar mi cara al ver la cena que me iba a meter entre pecho y espalda. Estaba yo más contenta que unas castañuelas en el día de Andalucía. Así que me puse el mandil de volantes (ojo, día que me pongo el mandil, es que ando hambrienta y cocinera, lo cual son pocos días al año,…) y me dirigí a liarla parda, como yo digo.

Saqué esa fuente de barro tan bonita que tengo solo para presentaciones culinarias especiales, corté unos gajitos muy coquetos de tomates (las croquetas no saben igual si su correspondiente picadito) y me puse a freir el adorado manjar.

Mientras tanto aproveché para darle la cena a mellis, que ya estaban olisqueando y gruñendo en su lenguaje particular.

Entre cucharada y cucharada de puré, me iba llegando aquel aroma embriagador, iba saboreando la fritura de mis fogones, iba haciendo las mieles de la espera..

Llegó mi marido que venía molido de un largo día de curro.

Dúchate que hoy cenamos croquetas!! – le dije en vez de hola.

  • Vaaaaale, – me mira con cara ilusionante, a él también le encantan. Siempre lo conquisto por el estómago, es su punto débil- pienso y me rió en silencio.

…………………………………………………………………………………

Todo presagiaba un final: las croquetitas muriendo una a una, lentamente en en esa cueva entre los labios y el paladar de la golosona Mukali y el depredador, pelirrojo :

Ohhhhhhhhhhhh, pobrecillas croquetas, grandes sufridoras y perecederas obras de arte!! ¡¡desconsiderada ansiosa destrozalotodo!! ella tenía que haberlas modelado, untarse las manos, pringarse hasta las cejas de harina!!!. Se las zampará sin más dilación y después se hará ella misma la croqueta en el sofá, para burlarnos…¡petarda sin corazón!.

Pues nooooo!!! No sucedió todo tal que así. La vida es imprevisible hasta en sus finales más cantados.

Las croquetas murieron sí, pero creo que la zampa ñampa tambien. O casi.

Un terrible dolor aquejó sus entrañas. Y es que nuestras queridas amigas las croquetas montaron LA CONSPIRACIÓN en el estomago de la susodicha, rugían y gritaban discursos hirientes, de jugo y carne…..se repetían, reían, ardían…. desde el terrible tobogan del esofago  hasta la trinchera de sus tripas, cerca ya de sus ovarios.

Eran unas valientes, las muy hijas del cocido, estaba visto.

Menudas salerosas, ¿de que estarían hechas? de sin piedad (la nueva especie a probar) o de sin perdón, la peli del Clint. A saber y saborear.

Mukali no podía reaccionar…sufría del síndrome “croquetoide agudus” y se debatía entre las burbujitas de los azulejos del baño.

-¿Porque yo, porque?. Quiero ser burbuja y no estar aquí… o bruja ¡que más da! volar, volar, volar….

Las croquetas decían: ¡¡¡¡ no la escuchéis, es una quejica, seguid la batalla!!!

y la noche se fugaba y ella se dolía.

Y el mito de la croqueta cayó.

Y el estomago y su quejío , cayó.

Lo único que quedó fue el frágil testigo de un recuerdo:

ella ya rendida a su almohada,

tras el fulgor de su propia e inesperada guerra,

contando croquetas en vez de ovejitas una noche del frío mes de febrero.

 

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30 comentarios en “Oda a las croquetas y la madre que las parió.

  1. Indigestión de croquetas? Te pudo el ansia? Así he aborrecido yo alguna comida… Espero que la próxima vez te sienten fenomenal y las disfrutes como merecen. Besitos

      1. De defecto nada.
        Es una virtud. Y de las grandes.

        Ya estoy mejor, esto sucedió el lunes. Al día siguiente comí patatas fritas con lomo y tomate y no hubo guerra. Asi que creo que estoy hecha una tora. jajaja.

        Lo dicho, no corrijas el cariño, lo que se da siempre es bueno.

  2. Ay, qué lástima. Yo también soy muy fan de las croquetas y no hay nada peor que el hecho de que te siente mal algo que adoras porque luego le coges un poco de manía. Espero que les des una segunda oportunidad… Besotes!!!!

    1. Ya veremos, ya veremos.
      Yo creo que si, pero se me tiene que olvidar esto.
      Tambien te diré que aborrecí el cacique en una mosca universitaria y no quiero ni el olor…jajaja.

      Un beso guapetona.

    1. Todos comieron y a nadie le ocurrió lo que a mí. Mundo injusto!!! Ahí hay gato encerrado o yo qué sé!.
      El final fue más o menos feliz,se pasó el dolor que es lo importante, porque yo creía que moría, de verdad….

  3. Eso fue la falta de costumbre,unas croquetas,concretamente las hechas con la receta de la abuela,hay que comerlas y digerirlas con la calma debida,después regarlas con un buen caldo, no hace falta pasar de un modesto Valdepeñas, y después compartir el buen sabor de boca con tu pareja.
    Sino para el ajetreado diario puede resultar un veneno.

    Un cordial saludo.

    1. Efe, tú si sabes disfrutar.
      Lo del vino y la boca estoy de acuerdo… lo que pasa es que yo andaba como loca por las croquetas…jajaja.
      Hacía mucho que no las comía y tambien suelo cenar ligero, casi nunca frito.

      Un abrazo.

  4. Pobrecilla!!, tú que estabas llena de ilusión y.. bam!, te caen mal! 😦
    Espero que no les cojas manía ahora, no creo que tu madre pueda soportarlo 😉
    Besos, guapa.

    1. Mi madre no se ha enterado, pero saldría facil del asunto. Ella siempre echa balones fuera, le hubiera echado la culpa a otra cosa, y verdaderamente hace bien. Me gustaría parecerme -en esto- más a ella.

      Un abrazo, guapetona.

Te escucho...

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