El jersey.

Cogí el jersey y de repente rescaté “La historia”.

Recordé como un día de abril, entre risitas, me probaba prendas con Lucía.

Teníamos pase vip, puesto que era la tienda de la hermana melliza de mi amiga.

Así que desbaratamos el sombrerito que había colocado en el escaparate, lo cogió Lucía y como lo lucía!!! menuda tía! …a mí me quedaba de pena, todo hay que decirlo… pero eso provocó risas.

Gozamos como dos féminas desatadas sin temer a tocarlo todo, posamos nuestras manos por cada una de las bisuterías, sacamos pañuelos, bolsos, zapatos…Lucía y su hermana me iban explicando las colecciones, ¡estaban puestísimas en marcas! no como servidora…

Finalmente caí en la tentación y me compré algunas cosillas (secreto) pero mi compra maestra fue aquel jersey, punto de inflexión en mi historia de hoy.

El artículo me costó una pasta, pero había cobrado y bueno…aquel jersey en aquella vitrina colocadito con ese gran “YES!” en el pecho estaba diciéndome: ¡comprame!.

Y así fue como llegó a mis manos, porque cuando un objeto me habla…básicamente, tengo que comprarlo. (jijijij, soy debil)

Aquel jersey fue a dar con gran devoción a mi cajón, el mejor cajón, ojo! porque me había costado un cojón y eso se merecía estar entre algodón.

El primer día que me lo puse todo fue puro éxtasis. Era una prenda excesivamente ancha a la que yo no acostumbro (tampoco es que sea de licras pero  me gusta marcar al menos la cintura) y mi primera impresión fue una liberación absoluta…..Iba yo sintiendome bella y cantando: Yes, yes, yes… porque allí no se traslucían roscas algunas y -todo hay que decirlo- aquel tacto, un hilo fino parecido a la seda, era delicia en la piel.

Se pasó la fiebre inicial del jersey, el me lo pongo hasta para eso,  y al poco volví a buscarlo. Era una apuesta segura a la comodidad, al tiempo que ese YES! me iba conquistando lentamente. Tenía una duda rondando por mi cabeza y el flamenco jersey me respondía:

-YES!, jamía ¿como puedes ser tan indecisa, Mukali?.

Curiosamente, aquella prenda se fue convirtiendo en LA PRENDA, en mi saquito de lana y optimismo, una mascota de lo más casual.

Cierta mañana que fuí a buscarlo para ir a pasear, descubrí para mi asombro que lucía una pequeña mancha justo debajo de la Y.

– yyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy esoooooo?????….cagüennnnnnn….10.

Era una mancha minúscula, que intuí podría ser de puré del bueno, del que hago yo para que mis nenes engorden como bichitos.

La cosa no me preocupó en demasía, siendo potito se iría. Lo lavaría la tonta y santas pascuas. Pero no sucedió así.

La mancha permaneció, tal cual. Es más parecía que ni hubiera pasado por mi lavandería.

¿Y ahora?

A partir de aquel momento comenzó lo que yo llamaría una serie de catastroficas desdichas lavanderas que abarcaron desde el poder antimanchas, oxi acciones hasta limones, leches y castañas. Recetas caseras las llaman.

Al final, nada. La mancha era indestructible. Así que fuí a mi ultimo recurso: la madre que me parió. Le llevé el problema y le solicité colaboración.

Ni que decir tiene que para esto las madres siempre son canela tostada y se ofrecen salerosas a demostrarles a sus hijas el peso de la experiencia. Yo confiaba en su poder, nunca fallaba, mi madre era la genia de la que Mister Proper tomó ejemplo.

Dias más tarde apareció por casa, su cara cabizbaja ya iba anticipándome la respuesta y el jersey terminó por confirmarmelo: YES!

-¡No puede ser!

-Es.

Y hubo unas cuantas palabras más pero no os quiero aburrir con detergentes.

Estaba confundida, pero mi cabezonería me hizo comprar un producto detrás de otro para erradicar la puñetera mancha, que era chica, pero mis ojos cada día veían más y más grande.

Estaba ciega con aquello, y el jersey y su mancha me decían YES! y yo decía NOOO!…y empezamos a batallar y a enzarzarnos en una guerra inentendible, absurda por chorra.

Y ya no era mi mascota, ya era la oveja pestilente que había sido convertida en jersey horrendo con mensaje en suagili.

No llegamos a ningún puerto. Gastamos detergentes, dinero, esperanzas.

Y lo dejamos.

Y yo escondí aquel jersey en lo más profundo de mis cajones porque no quería verlo, detectar su mancha era detectar mi fracaso, mi imperfección.

El tiempo paso mudo hasta acumular polvo sobre los armarios y exigir limpieza a gritos.

Y ese jersey salió a la luz.

Al sacarlo me dí cuenta que ya no había mancha alguna.

Producto de mi imaginación o insólito milagro allí estaba la prenda maldita, impecable como antaño.

¿Que ha pasado aquí? – me pregunté.

Pero el jersey solo respondió YES!

IMG_9661

 

 

 

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23 comentarios en “El jersey.

    1. Mi experiencia me dice que no. Todo acaba por relativizarse, todo pasa y entonces -al recordar- es cuando vemos claramente, por eso la mancha ya no es.
      Abrazo, preciosa.

  1. A veces nos ponemos un poco burros. Tengo un cajón que no abre bien y verás si me voy a cargar la mesa a empujones. Pero el cajón dice No y yo Yes.
    Creo que debo evitar, por ser un evidente signo de burricie, hacer esta pregunta: ¿Qué se ha creído ese cajón?
    Muy divertido y didáctico el relato. Saludos cordiales.

    1. A veces soy un poco burra y tambien cabezona, no lo puedo remediar!… al final me canso y veo la tontería, mis objetos me padecen, pero ellos no sufren.
      Gracias Antonio por apreciarlo, tu comentario tambien es muy didáctico y divertido.
      Abrazo.

  2. Que mejor forma de empezar la mañana que con.esta entrada y este superjersey! Existiran los quitamanchas con poder retardante con fosfatos de sorpresa y agentes ocultos? Yo creo que…yes! 😛

    1. Jajajaja…muchas gracias, apañá!
      qué me lo digas tú me parece aún más bonito. 🙂
      Yo creo que sí. Los mejores quitamanchas son las nuevas sorpresas que nos va preparando la vida.

      Besos.

  3. Hola Mukali… Entiendo que te gustase el título dado tu propio desparpajo en el uso de la palabras adecuada. También por la soltura en hacer, de un jersey, toda una historia. Muchos hemos tenido/tenemos un jersey similar, no manchado desde luego, pero sí que ha hecho historia.

    Interesante blog.

    Es la segunda vez que me encuentro un sistema tan peculiar para dejar un comentario… Veremos como procede.

    Un abrazo.

  4. Hola Mukali… Entiendo que te gustase el título dado tu propio desparpajo en el uso de la palabras adecuada. También por la soltura en hacer, de un jersey, toda una historia. Muchos hemos tenido/tenemos un jersey similar, no manchado desde luego, pero sí que ha hecho historia.

    Interesante blog.

    Es la segunda vez que me encuentro un sistema tan peculiar para dejar un comentario… Veremos como procede.

    Un abrazo.

    1. Tu historia tambien era muy buena, me recordó a un batido con huevo y chocolate que me hacía mi madre de pequeña…era energizante!.

      Gracias por pasarte y por tus palabras.
      Has comentado muy bien, tengo puesta moderación de comentarios y de ahí que de primeras no aparezca.

      Un abrazo.

    1. Me costó caro por la marca, (ya quisieramos que se autolimpiaran) pero ahora mismo ni la recuerdo, a ver si te la miro por si por internet te lo puedes pillar. Creo que había una versión en negro con las letras en blanco muy chula.

      Besos.

  5. Jajajaja qué divertido… y qué bonito leerte de nuevo por aquí, compañera de aventura. (Soy madre de mellizos también, aunque no me recordarás, hablamos hace taaaanto tiempo…). Un besazo

    1. Hola Soraya! Claro que te recuerdo, nos conocimos cuando tú estabas embarazada y mis peques ya habían llegado. Después me desconecte del blog y te perdí la pista.
      Me alegra q te divirtiera la historia. Ahora mismo voy a visitarte para saber de ti y de tus tesoros.
      Un abrazo muy grande, compañera de aventura!.

  6. Me ha encantado XD Joder con la manchita, parece que se aburrió de tu jersey preferido y se mudó a otra prenda en la que la molestasen menos. Ni dormir puede una mancha agusto ya.

    1. Jajajs siempre le das una vuelta de tuerca a los sentidos y llegas hasta lo que ni se me hubiera ocurrido harta vino jajaj, genial. No sé qué decirte, esta mancha se aburrió, por experiencia creo que hay otras perennes.

      Abrazo!

Te escucho...

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