TRASTADAS DE NIÑOS

Clara, del blog Soñar es gratis,  en uno de sus últimos post nos relataba con mucha gracia y salero algunas de sus trastadas cuando fue niña y nos invitaba a recordar las nuestras y publicarlas si nos apetecía en el blog.

Me pareció una buena idea y puse en marcha el reloj del tiempo y la memoria para intentar recordar algunas de las travesuras que yo siendo pequeñaja cometí. De hecho, me parece que nunca dejamos de cometerlas ¡y es bueno! significa que el niño que había dentro de nosotros no se durmió y aún sigue vivo.

 

MI PRIMERA COMUNIÓN.

Recuerdo con especial inquietud la travesura que perpetré unos días antes de mi primera comunión. (que no se molesten los creyentes, que esto no va contra la religión…simplemente sucedió en aquel contexto).

Estábamos en los ensayos previos al gran día, una fila enorme de niños y niñas colocados  los unos frente a los otros  a lo largo del gran pasillo que llevaba al altar. Portábamos en nuestras manos la luz de cristo ( nos decían) y el cura nos iba indicando lo que debíamos hacer, incluso la postura de acato e introspección mirando a la vela como no si no hubiera un mañana.

Yo tenía frente a mí a Isa, una niña rubia muy alta y delgada, que me había tocado como pareja. Tenía a esa niña pero también tenía unas ganas alucinantes de salir de allí, de reirme, de romper ese silencio de ensayo y reflexión, de corretear y jugar como era propio de mi edad. Así que nos miramos y lo que sucede con las miradas y la risa…uno no puede nunca huir de ellas porque rebelan lo que sucede dentro, el cómo te sientes.

Los demás miraban al suelo,  a la vela, ¡a que se yo! estatuas de niños que se ajustaban a la norma para llegar al gran día superpreparados. Yo también quería portarme bien (es parte de lo que te inculcan tus padres) pero mi risa andaba floja dentro, haciendo de las suyas. Miré a mi compañera y me reconocí. Ella sentía exactamente lo mismo: necesitaba escapar de aquel momento que la mantenía -digamos- lejos de lo que era: una traviesa con ganas de jugar.

Total que mi boca empezó a temblar, su carcajadita se enredó en mi cabeza, sus ojos enfilaron a los míos y ….¡booooom!  nuestras risas se extendieron como la pólvora. Como una de esas pistolas de confetti que acaban por llenarlo todo de colorines en cuestión de segundos.

El recinto, que era una iglesia vieja y sobria, fue testigo de nuestro descaro, de nuestra falta de moralidad, de la simple realidad de no saber obedecer más que al propio cuerpo. Así que nuestro jolgorio lo absorbió todo: las miradas de los otros, el implacable enfado del cura (al ver que aquello no cesaba), hasta el eco de la vetusta e imponente iglesia. Eramos dos sinverguenzas riéndonos del momento, contagiándonos del desorden aún sabiendo que la situación nos pasaría factura.

Finalmente fuimos expulsadas del ensayo, como era de esperar, entre las terribles palabras del cura y nuestra conciencia. Nos sentamos en la plaza y nos miramos detenidamente. ¡Nos sentíamos tan raras!…, pero ¿como detener algo tan instintivo como la risa?. Hablamos sobre los futuros ¿nos dejarían hacer la comunión? y si así fuese ¿volvería a pasarnos eso de no saber como comportarnos?. Yo no lo tenía claro, pero mi amiga, que era más despreocupada, me dijo: “vamos a por un chupa chups” y eso fue lo que hicimos. Endulzar un momento que de por sí fue dulce.

EL DESVÁN

Otra de mis trastadas secretas sucedió en casa de mi abuela. Ella tenía un desván lleno de cacharros inservibles, recuerdos, objetos…y de vez en cuando me dejaba subir allí para entretenerme o quizás para perderme de vista…, quien sabe. Lo cierto es que subir a aquel lugar era mágico y respondía a mi ya infatigable curiosidad.

Era uno de esos desvanes que se asemejaban a los de las películas americanas, con escaleras de madera que chirrían, paredes de piedra, cal que tizna  y vigas castigadas por el tiempo y las termitas. Allí se guardaban restos de otros momentos: la cuna de mi madre, la primera maleta de mi tío, juguetes antiguos míos y de mis hermanos, enseres de labor, cajas de madera con libros en desuso… Como podéis imaginar, todo un mundo que descubrir para una niña de 10 años.

Una tarde mi interés focalizó una caja que había tapada con un enorme contenedor de madera. El bidón pesaba una barbaridad  aunque mi curiosidad aún más, así que lo moví con fuerza y lo justo para que mis manos pudieran acceder al interior de la caja. De allí salieron libros de la dictadura cuyas paginas ya no eran blancas sino marrones con letras que aún no había desteñido el tiempo. También encontré carpetas de facturas que yo no entendía y sobre eso tampoco me detuve ¡que aburrimiento!. Papeles, dibujos de mi madre… un batiburrillo de años y polvo que, sin darme cuenta, estaba ensuciándome las manos.

Casi al fondo de la caja, cuando ya creía haberlo visto todo, saqué unas revistas muy raras. Mujeres y hombres desnudos haciendo cosas raras. ¡Que cosa más curiosa!. Sabía que aquello era algo “prohibido” así que bajé las escaleras y me aseguré que mi abuela andaba lejos para poder inmiscuirme a gusto en aquella sapiencia extraña. Me reí mucho sin perder detalle porque había situaciones e imágenes que no me cuadraban, pero tal vez de eso se trataba… de descuadrar lo hasta entonces sabido.

Desde aquel día, ya no vi igual a mi tío. Él y yo manteníamos un guiño secreto, me había dado alguna lección sin ni siquiera enterarse, algo que mis padres no me habían contado y que estaba aquí sobre la tierra: entre las mujeres y los hombres “grandes”.

Ni que decir tiene que volví a visitar el desván días más tarde, cubriendo la curiosidad y las dudas que siempre me caracterizaron. Creo que mi abuela empezó a sospechar, aunque puede que hasta ni ella misma supiera de la existencia de aquellas revistas.

Ahora que lo pienso…¿seguirán allí?

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Y hasta aquí  un trocito de mis recuerdos. Ha pasado mucho tiempo pero he vuelto a reirme. ¡Parece que fue ayer!.

Y vosotros, ¿tenéis alguna trastada que recordéis de la infancia?

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15 comentarios en “TRASTADAS DE NIÑOS

  1. Esas risas vuestras han viajado en el tiempo y me han hecho reír a mí.
    Gracias por compartirlas.

    Yo hecho tantas trastadas que en mi caso el mérito sería recordar un día en el que no hubiera hecho ninguna.

    Besos.

  2. Jajajaja. Es cierto que la risa, a veces, es incontrolable. Y digo yo que a Dios no le importará demasiado que un par de niñas pequeñas se rían en la iglesia cuando tiene cosas bastante más serias de las que preocuparse…

    Lo de las revistas fue fruto de la curiosidad. Yo no hubiera podido evitar verlas, tampoco.

    Yo ya he contado varias en el blog. Puse los enlaces en la entrada de Clara. Un besote!!!

    1. A Dios no, pero el cura monumental mosqueo se pilló. Por suerte nos dejó hacer la comunión y tener nuestro día de regalitos y protagonismo.

      Estábamos aprendiendo a través de la lectura e interpretación de imágenes…jaja inevitable!

      No puedo ver tu enlace, vuelve a ponérmelo, que quiero ver tus trastadas!

      Besos

  3. Jajajajaja qué bueno Lola!! Yo tmb recuerdo con risas y nervios el ensayo de mi Comunión, pero en el mío solo estuvo la catequista y como estabamos todos igual de desatados no hubo consecuencias… Creo que la curiosidad de las revistas es algo natural que ocurre a cierta edad… Un besote y mil gracias

    1. Sí, es que aquel día era lo más!…

      La curiosidad es tan innata a veces como la risa…y si no nos explicaban nada , había que informarse. No existía internet ni tele basura que hoy son el mejor sexólogo de los niños.

      Un abrazo, Clara.
      Gracias a tí por la propuesta.

  4. ¡Jo! Pues no me ha encantado este post, ni nada. Disfruto mucho leyéndo las anécdotas de los demás porque me hacen revivir las mías propias 😀 Igual me animo y en el próximio post cuento alguna, que siempre vienen bien. En cualquier caso, vaya patán el cura: lo mejor es que los niños se rían y esperar a que paren, no se puede educar que la risa es mala. Y lo de la revista… bueno, pues alguna lección te enseñaría, ¿no? Después de todo ya eres mamá… XD

    1. Gracias Holden. Me alegra haberte destapado esos recuerdos.

      Pues sí, pero se mosquean porque creen que es que te ries de ellos o algo parecido y nada más lejos: es pavitis de la edad. Luego despues me volvió a pasar en el instituto, si es que yo y mi risa …
      Jajajaj…supongo que esa y otras cosillas contribuyeron a mi educación sexual. Aunque yo a mis hijos los tuve después de muchos tratamientos porque de la forma convencional no había manera.

      Besotes.

  5. Me encantan tus recuerdos!.

    Me he reído mucho con el de la iglesia, es niñez en estado puro… y la salida de tu amiga; “vamos a por un chupa-chups”, perfecta. Es un recuerdo maravilloso 🙂

    Que dulzura de entrada…

    Besos.

    1. Gracias dulce M!

      La niñez tiene eso, la risa floja que nunca habríamos de perder.
      Nada que no pudiera arreglar un kojak ¡que rico! aún los sigo comprando…

      Más besitos pa tí.

  6. Ay las risas flojas la de momentos embarazosos que me han dado jajaj
    Yo juro que quiero hacer un post así pero no recuerdo nada excesivamente memorable ¡ni preguntando a mi madre! Lo cual da testimonio de lo santa que soy jejeje
    Besos

  7. Ciertamente me has contagiado esa risa , esa dulzura y esencia que se respira en los recuerdos de tiempos… De ayer.

    Los desvanes siempre tienen cosas mágicas, siempre son una puerta hacia otra dimensión del conocimiento y auto- descubrimiento a través de lo de otro tiempo o momento

    Un abrazo de luz

    1. Me alegro de haberte contagiado lo que yo tambien sentí al escribirlo, eso es lo mágico de las palabras…y me alegra haberlo logrado.

      Los desvanes son inspiradores de tantas pelis y libros, guardan ese punto de misterio y nostalgia… nos rescatan tiempos del pasado.

      Un beso para tí.

Te escucho...

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