CICATRICES

Todos nos vamos cosiendo de cicatrices. Vivir está lleno de eso y desde que nacemos nos damos cuenta.

Las elecciones, los caminos equivocados, los sueños truncados, las largas esperas, las personas que se nos van, la tontería que parecía burlarse en el cole del niño o la niña que era diferente, las personas que necesitaron de nuestra ayuda y nosotros se la negamos mirando hacia otro lado, las relaciones asimétricas y de poder a las que nos vimos arrastrados por simpatía o manipulación, el abuso en cualquiera de sus formas…

Todo se queda grabado en esos puntos suspensivos que son la memoria. Todo se bate en el mismo vaso: dolor, costumbre, insensibilidad, culpa, justicia, incompresión…y de ahí sale un brevaje socialmente indecoroso -de color indigno- que tenemos que tragar por un tubo (¡glup! puagg) que se llama “aceptación”. Un tubo largo y pesado  a través del cual se van escurriendo recuerdos que- en un principio- solo consideramos basura, pero que más tarde, insensatos de nosotros, descubrimos que tal acontecimiento nos volvió “seres aprendidos”… más resentidos por supuesto, desconfiados de la buena voluntad del prójimo, cínicos y mordaces hasta la médula porque las secuelas son las secuelas y las heridas no cicatrizan tan rápido, y mientras duran somos seres extraños envueltos en un hálito que nadie quiere tocar…pero me es igual, al final: APRENDIDOS,  más huraños a los ojos de esta Tierra, poniendo voz disonante al discurso de “el hombre es un lobo para el hombre” o para la mujer.

Las cicatrices…..ay! las cicatrices!…

Nos hacen penar encapsulándonos en algún tipo de caparazón-tortuga que nos aísle del ataque del águila. Somos seres humillados y escondidos tras esa costra, vendidos a la indulgencia del animal y su trampa. No queremos arengar a otros con los mismos estupidos sinsentidos, ni volver a ser objeto de la crítica, ni de la burla, ni del doble lenguaje…Asi que echamos los cerrojos, cambiamos las contraseñas  y a seguir para adelante con indiferencia, mutando en el nuevo ser-engendro que está por cuajarse. Aguantando, callando, aguantando, callando… sin saber que es otra forma de taladrarse la herida.

Las cicatrices nos embellecen a pesar de lo horripilante del mounstruo, las externas – rompiendo cánones y arquetipos sociales- y las internas ojo!, aún sin verse son ese tatuaje que los años no pueden borrar, esa representación manifiesta de que no fuimos uno solo, sino un gazpacho de muchos que llegó a emborracharnos.

Las peores marcas son las que nunca procuramos curar, las que no recibieron sutura, a las que no se les hizo caso, ni se verbalizaron, ni se aceptaron por verguenza, ni se sacaron a la luz . Esas que quedaron derrotadas tras la cortina de silencio impune, o en todo caso el miedo…y es que la vida rezuma mucho de eso, ahí tras los escenarios de la mente y los aplausos de la mediocridad, se esconde lo que nadie ve.

Del proceso de la herida quien sabe…si es cierto que pareciese que cuanto más la miras, peor…y no es solo fruto de la chocante cadena de genes que la impaciencia y la obsesión pusieron en nosotros, también es ese tubo largo y pesado…del que venía hablandoos…aceptación. Tiene que pasar, tiene que correr, fluir, atravesarse, cerrarse y eso ocupa un tiempo-espacio ineludible y patéticamente necesario.

Al final resulta que todos somos mortales y todos tenemos cicatrices. ¿Quién no ha vivido esto? ¡Qué remedio! La imperfección nos viste despacio, con evidencia y no podemos elegir en ningun caso ponernos una camisa sin que contenga un roto, descosido o arruga. Lo que sí es fruto de nuestra elección es el voto por lo humano, nuestra confianza en el ser (a pesar de las diferencias y lo vivido)  y nuestra decisión (arriesgada y bondadosa) de no dañar al otro u otra.

Chojin decía que todos podemos tener nuestras propias opiniones, pero no los propios hechos. Esos fueron los que fueron, no otros. Mas razón que un santo.

Lo fácil sería sucumbir a la desolación, ver amanecer la desesperanza tras la reja de la ventana, arrastrarse hacia los futuros que otros escribieron en nuestro nombre; pero no,…

aún podemos volver a ser hasta con “cicatriz”,

después de absorberlo -ya el pasado verano- me pareció un libro sublime con personajes tan verosímiles y logrados como incomparables a la misma realidad.

Y es que cada historia tiene una cicatriz diferente,

cada círculo que la envuelve: bien distinto…

no hay dos iguales en forma, ni mucho ni menos.

Lo único que comparten algunas de estas vidas marcadas es -seguramente- la esperanza.

La última prueba de que seguimos vivos.

Sara Mesa

 

 

 

Anuncios

21 comentarios en “CICATRICES

  1. La aceptación cono norma habitual de conducta nos convierte en nada. En carne y huesos domesticados que obedecen y acatan todo lo que les ocurra.
    A veces no queda otra salida que aceptar lo que ocurrió para poder seguir adelante. Pero siempre desde una óptica de aceptar el pasado irreversible.
    Si hablamos del presente prefiero la pelea, el dolor y las cicatrices en la batalla diaria pues quizás así se pueda ganar alguna.
    La única batalla que doy por perdida es la del tiempo.
    A ese no hay quien le gane y ni la aceptación sirve para dulcificar la derrota.

    Besos.

    1. Como norma habitual de conducta, no, en ningún caso, seríamos la nada, claro…quizás me haya expresado mal. La aceptación como salida después de las muchas batallas desde el presente.
      Lo que pasa es que desde el ahora se puede uno rebelar de muchas formas según su escalón: desde el poder o desde el miedo. Y me parece que la segunda corre con desventaja.
      De todas formas, creo que la mejor arma por encima de todo es el diálogo, lo que pasa es que no siempre pensamos racionalmente.
      No podemos volver atrás, cada uno sabe de sus años y de sus derrotas.

      Un abrazo, Toro.

  2. De las cicatrices se aprende mucho. Tanto de las que te provocan como de las que nos autoprovocamos. No es que uno vaya a ir por la vida deseando que le hagan daño pero, con cada ataque, salimos más fuertes y con eso hay que quedarse. Un besote!!!

    1. Se aprende mucho, pero tambien se aprende sin hacer daño.
      Lo de hacerse más fuerte es una realidad, nos vamos forjando una capa de acero intraspasable y esa capa es la misma que nos hace perdernos el brillo de la luz sobre nuestra piel.

      Besos, Alter.

  3. Escribes verdades como puños que te dejan los ojos de piedra.
    Apoyo tu idea de que no hay peor cicatriz que las de aquellas heridas que no se verbalizan por lo que sea, aquellas que no aceptamos, que ni nosotros mismos reconocemos.
    Un places haberme dejado caer por aquí y descubrirte. Mil besos!

    1. Y el corazón, Myriam. No es nada fácil escribirlo, te lo puedo asegurar.
      Nunca dejar que una herida que está sangrando no salga, es un veneno terrible y hay que aceptarlo si se quiere sanar.
      Gracias por venir y dejar tus palabras, son muy bienvenidas y se agradecen mucho.

      Un abrazo.

  4. El simple hecho de vivir deja cicatrices. No tienen porqué ser traumáticas pero todas nuestras vivencias dejan una marca que nos condiciona para la toma de decisiones. Lo importante no es tener más o menos cicatrices si no ser conscientes de hacia donde orientamos nuestra vida en base a esas vivencias que hemos experimentado. Y que al final del camino nos vayamos con la cabeza alta, más magullados, menos inocentes, pero contentos con haber vivido conforme a nuestros valores.

    Un abrazo 🙂

    1. Vivir deja cicatrices en todos, si, pero no debemos insensibilizar la mirada bajo esta frase.
      Ni hacer del miedo nuestro vasallo.
      Si estamos ante un abuso -de cualquier indole- hay que saberlo ver y no tolerarlo.
      Vivimos en un país con leyes aplicables a la dignidad y privacidad de las personas.
      No es irse con la cabeza bien alta como si se tratara de una batalla
      es velar por uno, sus derechos y los de toda una sociedad.

      Abrazo Hobbita.

    1. Si todos nos viéramos las cicatrices que llevamos a cuestas, a lo mejor existiría más paz en el mundo.
      Yo espero que las mías sean restos de olvido pronto.

      Gracias por valorarlas, son fotografías que dicen mucho.

  5. Todos llevamos cicatrices impresas. Ellas conforman el mapa que va desde donde venimos hasta donde estamos. Jamás debemos dejar que además nos marquen hacia donde vamos a caminar y mucho menos aún en que modo vamos a hacerlo.
    Las cicatrices nos embellecen, no nos condicionan. Tenemos que llevarlas, no dejar que nos lleven.
    Un abrazo grande.

    1. Me quedo con tu consejo de hoy que es muy bueno.
      Supongo que se terminan llevando mejor, cuando se aceptan del todo.
      Yo aún no lo he conseguido, pero no desespero.

      Abrazo enorme.

    1. Gracias Scarlet por el premio, me alegra mucho que te hayas acordado de mí.

      No creo que existan esos seres sin marcas, somos imperfectos y nos equivocamos.

      Lo que si es posible es no producirlas reiteradamente.
      Intentar por todos los medios que no vuelvan a abrirse las heridas.
      Ojalá.

      Besos.

      1. ¡Es un buen punto! No producir heridas, estar atentos de no hacer daño ni permitir que otros lo hagan en nosotros. Por supuesto, existen situaciones en las cuales, somos consecuencia de eventos que dejan vacíos, en todos los casos “ojalá” es el trabajo por hacer. Saludos, aprecio que valores la nominación. Scarlet

      2. Son partes complementarias. En el momento en el que empieza a dejar de importarnos lo que digan otros, dejamos de producir heridas. Es un bucle que se retroalimenta y hay que tener fuerza de voluntad suficiente para abandonarlo.
        El trabajo merece la pena, solo tenemos esta vida y mejor vivirla bien.
        Saludos Scarlet.

      3. ¡Cierto! Mukali… La vida tiene un reloj que no se detiene hasta que la muerte lo rompe para siempre y la eternidad es como que muy larga, sin embargo, la existencia sigue siendo una osadía compleja, aun así, se debería sentir, intuir en sus partes más significativas, sensitivas ¡Ver, asumir y comprender las cargas emocionales! Esas heridas de las que hemos estado hablando.
        No me voy a poner pesada, último comentario en esta oportunidad, lo que pasa es que es un tema…
        Saludos, Scarlet

      4. ¡Que bonito lo expresas, Scarlet!.
        Vivir es un pasajero improvisar y no hay recetas, nooooo, ni visionarios, ni expertos…solo nuestro sentir, nuestro intuir, la maleta que nos dejaron…poco más.
        Qué sepas que para nada, tu mirada aporta bastante y luego tienes una forma de expresarlo muy particular: muy de seguido, como si estuviéramos hablando cara a cara..
        Gracias.
        Un abrazo.

  6. Todos tenemos vicatriced, y cada una de ellas es observada por los demás de una forma diferente. A veces al ser guía de esa historia, los demás la observan, nos observan y nos descubren o (re) descubren

    1. Cada mirada contempla un peso de recuerdos y experiencias. En ese abanico de diferencias radica la riqueza.
      Cada uno de nosotros somos guías de historias y observarlas es observarnos también a nosotros mismos.

      Un abrazo.

Te escucho...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s