Extraño cuento sobre la ilusión

Empezaba a visitarla la ilusión de estos días.

Aunque estaba algo crecidita para aquellos menesteres tenía ganas de recibir regalos ¿y quién no en estas fechas?. Había estado toda la mañana oteando aquella pagina “selva del AMAZONas”, quiso llamarle, en la que una podía perderse y encontrar casi de todo.

Al principio pensó que lo que le hacía realmente falta (una cabeza nueva, tornillos, pastillas contra la resaca, un curso intensivo de yoga o uno nivel experto en milfulness) no lo encontraría por allí. Quizás lo más parecido era la enorme colección de libros de autoayuda para brechas de la psique, pero nunca había leído un tomo de estos y le daba pánico adentrarse en líneas que probablemente acabaría convirtiendo en polvo ella misma.

Tras desechar la opción,  pensó que su deseo más fuerte y verdadero no era otro que volver a ser niña de nuevo, quitarse 25 años de un plumazo, olvidarse de los problemas  y sentir de nuevo la refrescante brisa de  regalos que trae la Navidad.

Así que –ni corta ni perezosa- cerró los ojos, convocó a las mágicas fuerzas del tiempo y repetió para sus adentros el mantra secreto. No me pidáis que os lo confiese pero ni era el famoso ommmmmmmmmm,  ni tampoco la receta de la Coca- Cola. De repente empezaron a saltar chispas, burbujas y humo de colorines.

¡¡ Cáspitas!! – la oí decir mientras tosía un polvo gris con estrellas fucsias. La cosa parecía haber funcionado.

Como si de una madeja de tiempo se tratara, el ovillo terrible de sus años empezó a desenredarse en dirección contraria: vió a través de sus ojos ingenuos como sus manos embebían en el teclado. El estomago le dió un vuelco de tres nudos, la cabeza se le achicó (que no los sueños), a su pelo le salieron extraños brillos color púrpura y un brío ya olvidado la hizo brincar a lo cabra loca hacia el espejo.

Allí la ví acariciar absorta su piel tersa y suave. El cristal le devolvía una  estructura de menudencia encuadrada en una carita de poema . De algún modo extraño noté que se encariñó con la imagen, como quien lo hace con algo que ya está en su memoria, fijo como las raíces de un árbol centenario.

Volvió al teclado. Entre zancadas traviesas danzaba el encanto de pedir a los mágicos reyes de la red sus regalos, ¡estaba como loca!. Nunca le habían dado veda libre para comprar a su antojo así que mantenía un divertido monologo vivaracho, que al poco se llenó de música youtube, palomitas, batido de fresa, manos trajinando coreografías …y todos esos inventarios de nena.

Accionaba el ratón con habilidad y decisión. Parecía que hubieran abierto las puertas de las primeras rebajas para niños. Asi que escogió muchas cosas, muchísimas. La cesta se llenó rápido, al igual que su pícara sonrisa adornada con granos de maíz.

Más tarde  ví como dudaba, pensaba y se arrepentía mientras iba eliminando productos. Quizás conservara cierta sensatez genética, producto del ahínco de frases que sus padres habían taladrado en su memoria.  No se necesita mucho para disfrutar solo imaginación y ganas-decían. Y no les faltaba razón.

Tal vez  lo que le pasó desapercibido por edad, fue que la felicidad estaba a su lado, rozandola, en aquel allí y aquel entonces, ese momento en el que sin vigilancia se estaba autoregalando la libertad de elegir. Ese minuto flash en el que estaba esgrimiendo un sueño, una primera vez, un deseo… Así era ella a sus 9 añitos: disfrutadora oficial de momentos, dispuesta, auténtica. No le costó tener claro lo que verdaderamente quería, aunque sí atinar a utilizar la tarjeta electrónica que su dueña -ya mayor y desconfiada- había blindado con la seguridad mil….. ¡qué bárbara!.

Días más tarde recibió un paquete.

El efecto se había esfumado, ya no era la niña de antes, sino una madre que distraía en el patio a sus hijos. Las plantas se estaban secando con un sol de invierno atípico,  pero su ilusión no.

Llamaron a la puerta, se asomó al pasillo y allí estaba: el tipo del furgón que le traía un trozo de su ¿viaje? al pasado. El pasado que realmente contaba para ella. Un pasado sobre el cual (en solo unos días) había desarrollado lagunas inefables que estaba a punto de desvelar. Un pasado que enroscando en su presente iba a mejorarlo. Un pasado feliz.

Cuando entró a casa de nuevo, con la caja entre los brazos y la ilusión por las nubes, gritaba al infinito cielos y cielos de alegría. Sus hijos la miraban absortos: ¡¡¡venid, venid….vamos a descubrir mis juguetes!!!- exclamaba.

Tal vez no fuera la última vez que este curioso efecto de “descrecer” la visitara a lo largo del ovillo de sus años, pero estaba segura de que ésta la iba a recordar por los siglos de los siglos.

 

… Ni que decir tiene que aquellos juguetes pronto fueron compartidos por otros dos individuos más…

 

** Y vosotr@s…¿ habéis picado ya en la trampa comercial? ¿Qué os habéis autoregalado?

 

 

 

 

 

 

 

 

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12 comentarios en “Extraño cuento sobre la ilusión

  1. Hola guapa! La verdad es que últimamente no me he regalado mucho a mí misma aunque suelo regalarme libros, pero me ha encantado esta manera tan peculiar de contarlo. Un besito y gran historia

    1. Hola soñadora! Regalarse libros es de lo más chulo!…ya puedes ir y fundir la visa ahora mismo jejej.
      Me alegro que te gustase… Creo que todos hemos soñado alguna vez con volver a ser niños otra vez, aunque sea un ratito.

      Besotes 😘

  2. Es una historia muy bonita, ¿cuánto tiene de autobiográfica? XD

    Yo no me he comprado nada a mi mismo, supongo que por pelas. Este mes me gasto mi dinero en otras personas y me queda poquito para mí.

    ¡Ah bueno! Acabo de caer… me compré una versión ilustrada preciosa de Rebelión en la Granja, de Orwell. Algo es algo.

    1. Jajajaj… bueno, no sabría decirte el porcentaje… aunque suelo escribir sobre cosas que siento o me reflejan, todavía no he logrado volver a tener 9 añitos ¡qué pena!…aunque solo me gustaría volver un rato eh?? que luego se hace muy cansino volver a la adolescencia, estudios, desamores y demás… Así estamos mejor. 🙂
      Esta bien regalar, eso significa que tienes personas importantes y valiosas a tu lado.
      Con lo del libro, te iba a repetir lo que tu dices “algo es algo” pero no, a veces “poco es mucho”.
      Abrazo.

    1. Un fabuloso regalo, Antonio.
      Yo tengo unas cuantas cajas en casa que vengo utilizando con mis hijos y para mi trabajo, ahora le he comprado a mis nenes unos rotus especiales para su edad y los estrenaremos este 2016.
      Espero que disfrutes con los mandalas…lo bueno de pintar y dibujar es que a parte de relajarte luego te queda una copia de ese momento en forma de dibujo, lo cual es maravilloso.
      Feliz 2016! Disfruta.

    1. Diciembre es un mes temible para gastos.
      Pero si, lo mejor es no caer en aborregamientos comerciales y regalar solo cuando uno quiera o necesite algo.
      Gracias por comentar y bienvenida.
      Un abrazo también para ti.

Te escucho...

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