LAS MALETAS ROJAS.

Cuando los vió aparecer con las maletas rojas entre las manos y aquella expresión de desolación en sus caras lo entendió todo. Ella los observaba sentada en las frías escaleras de aquella -tan familiar- primera planta, la piel erizada, el corazón encabritado. Pensaba como la vida nos pasa sin avisar, traicionera, ruín… como  la estación fin se halla en cualquier lugar ajeno a nuestro permiso.

Recordó los viajes que le había relatado al detalle, Rusia, Francia, Alemania, Noruega, Dinamarca…tantos y tantos lugares de la historica Europa, como piezas de un puzzle que estaba intentando completar. Ya me quedan solo los balcanes- decía. Otra Navidad más avivando el círculo: librando tertulias politicas, históricas y debates futbolísticos. Todos lo escuchabamos atentos. Porque ES de esas personas con lenguaje, con recorrido. Y él lo sabía.

Las maletas rojas. Las mismas que la agencia le había regalado premiando su fidelidad aventurera y que se había llevado a tantas habitaciones de hotel con los suyos. Las mismas que había elegido para  aquella habitación de hospital tratando de impregnar sus pertenencias con los inolvidables recorridos de sus recuerdos. Sentada en la escalera pensó que a lo mejor él habría elegido aquellas maletas como  pequeño talismán. Pero eso tan solo eran conjeturas suyas, la operación no se presentaba complicada a priori, cuando todo comenzó a fallar. Una pieza tras otra.

A veces las cosas se tuercen y no podemos hacer nada. Es así, pero cuesta tanto aceptar.

58 años de experiencias es muy poco tiempo para quien quiere vivir. “Disfrutaré de la jubilación el proximo año”- nos decía- tan ajeno a todo, con la ilusión de un niño en sus recien estrenadas vacaciones.

Pero la vida no son talismanes, ni ecuaciones, ni matematicas… sin permiso nos da y nos quita todo lo que queremos en segundos. Ella lo sabía. Y ahora observaba acongojada a su familia cercana, a los portadores de aquellas maletas, tocados por la incertidumbre y la sorpresa. Rodeados por aquella nube tóxica de calamidades.

Tienes que exprimir cada segundo, ¿me oyes?- se repetía como un mantra sagrado. Tienes que dejar de preocuparte por gilipolleces.

A medida que la tarde coloreaba de negro a la noche, nos sumíamos en la incertidumbre del no saber,  ibamos dejando caer el insoportable precipicio de las horas, esperando ese debate entre la vida y la muerte que solo el mismo y su fortaleza podrían librar.

Mientras,  las maletas- y tantos de nosotros alrededor -seguiamos esperando. Una noticia nueva, un atisbo mínimo de esperanza, siquiera su resorte a la sátira que como médico le estaba trazando la vida.

Desde aquí, te esperamos P., si nos oyes, vuelve.

Esta Nochebuena no será lo mismo sin tí.

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10 comentarios en “LAS MALETAS ROJAS.

  1. Qué bonito relato aunque sea triste y no terminará bien. Espero que esta noche le recordéis con cariño y viváis la noche como a él le gustaría que la vivierais si estuviera allí. Un besito !

  2. Es un relato precioso nena, me ha encantado y seguro que a él también. No será lo mismo no lo dudo, pero esta noche tienes a tus dos luceritos contigo aportandote la mayor de las felicidades, y creo que eso es lo mejor que podrías tener. Un besazo preciosa y Feliz Navidad.

  3. Es tan precioso como triste… lo siento mucho. Espero que el amor que se respira en tu casa y tu familia os ayude a seguir adelante…
    te mando un abrazo enorme, mi niña. Y por cierto, tienes dos pequeñines preciosos. 🙂

    Alba

Te escucho...

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