EL VISITANTE

Me venías a visitar cada tarde mientras yo leía en la terraza. Lo hacías sin avisar, te colabas por alguna parte y de pronto me recibías con tus andares vulgares. Como diciendo: “Aquí estoy yo!!”. Un baile perfecto que utilizabas para tantear el terreno y de paso exhibir tus artes conquistadoras. Siempre igual, dos vueltas a la charca con aires jugones, me saludabas, te servías de mi agua….una y mil veces, mientras yo te contemplaba por encima de mi libro, sin mover un dedo y sin pestañear, no fuera a ser que se acabara el ritual galán.

Me tenías embelesada. He de reconocer que interrumpía la lectura cuando mis ojos te veían aparecer, al par que mi mente, obnubilada en no sé qué hechizo críptico, no perdía nota de tus movimientos jocosos.

Vestías de negro, moviendo tu penacho suave y reluciente, mientras metías la cabeza como buscando unos segundos de refresco a la atorrante asfixia veraniega. En algún punto de la visita, cuando ya te habías refrigerado a tu gusto, comenzabas el discurso. Palabras sin nombre, que resonaban en el silencio de la siesta tardía, una melodía armoniosa y cadente, hilada con el arte de quien lleva afilada garganta genética. Cantabas y yo callaba….como quien calla ante el Concierto para piano en sol mayor de Mozart, porque hay músicas que dulcifican hasta los silencios más sagrados.

Atendiendo a mi curiosidad innata y a tu desplegar de melodías persuasivas, decidí buscarte. Ponerte un nombre, imaginarte de tejado en tejado, sin alejarte mucho de casa. Comenzaste a formar parte de mi familia, cuando amanecía, tu presencia me acompañaba: tempranera y quieta recibiendo los primeros rayos, desde lo más alto de mi ventana. Justo al otro lado del cristal.

Y yo seguía cegada por tu desplegar impecable. ¿Dónde habrás aprendido a hacerlo?. ¿En qué escuela te enseñaron a volar y a no tener pánico a las alturas?. Me miras y como en un discurso cerrado pareciera que entendieras mis palabras. Y todo me recuerda a ese bichejo inmundo de algún cuento que leí una y mil veces en mi adolescencia. Pero tu no eres así, aunque vistas lo mismo, nunca te burlarías de mí. Tal vez viniste para darme algún mensaje y yo no alcanzo nunca a descifrarlo.

Pequeño trozo de vida volador!!!….Aleteas y te detienes siempre a mi lado. Alguna tarde desee atraparte!!! Y tenerte unos minutos entre mis manos, para ver cómo te defendías, para sentir algún segundo tu miedo, que te parece tan ajeno. Pero para ti no deseo jaulas que coarten tus horizontes, se que llegarás lejos y no te quedarás más que unos días a mi lado. Esa es la vida que yo quiero para ti, la tuya…….hoy aquí y mañana allí, derrochando tu buen hacer donde fueres.

El verano del que hablo se terminó. Y yo te creí lejos de mi casa. Habrías partido en algún viaje del que yo no tenía dirección alguna. Te creía a salvo. Con tus alas de sueños y tu estirpe iridiscente, en donde el negro se confunde con el púrpura, con tu misterio de canto de ruiseñor alegre. Allí donde la alegría se mezcla con la turbación, allí supuse que estarías.

Perdí tu imagen, hasta el recuerdo de tus frases melodiosas!! Olvidé tus saludos cantarines y hasta tus aires déspotas, pero te creí feliz, absorto en esa tu libertad, para los restos.

Ayer la casa ya estaba fría. Y el otoño ya empezaba a saber a invierno. Demasiado amargo para mis pulmones, que parecieran necesitar siempre de calorcita. Bajé para encender la estufa de orujo, con el ánimo motivador de quien empieza de nuevo lo ya vivido. Otra estación más a la que gusta recibir con las defensas de una buena estufa…..Y que arda hasta la mala leche!!. Así andaba yo, en mi discurso patético de miércoles, calculando los kilos de orujo que necesitaríamos esta temporada…..absorta en la cotidianeidad de cualquier otro día; cuando al abrir el sinfín me di cuenta de que estabas allí. Al fondo del abismo. Quieto y fugado de toda vida. Habías caído en la trampa de quedarte a mi lado, buscar mi casa, despreciar tu forma de vida.

Te colaste por la chimenea de acero, esa que despunta al cielo, como tú. Tal vez para saludarme, como antaño….o hipnotizado por su brillo espejo, o buscando un posible nido para tu descendencia. Qué se yo de tus intenciones!!! Si nunca pude conocerte del todo.

Y allí me quedé mirándote sin derramarte lágrimas pero con el corazón encharcado de pena, sin poder parar de imaginar la tragedia de tu ida.

Dicen que Mozart también tuvo uno como tú. Una mascota alada llamada estornino pinto a la que enseñó a cantar algunas de sus partituras más fabulosas. Dicen que organizó hasta un pequeño funeral tras su muerte.

Yo no te reservé ningún espacio, porque no creo en eso de quedarnos quietos en un solo lugar, y porque tu eres libre y lo seguirás siendo más allá de la vida.

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16 comentarios en “EL VISITANTE

    1. Algunos relatos tristes son los más bellos, nadie sabe porque.

      Quizás la tristeza nos embelese en algún punto.

      Reconozco que me gustan los finales felices, pero este es un final real ….y me dio mucha pena ese pajarillo.

      Besos, Mo.

    1. A ver si mis hormonas se tranquilizan y dejan de contar tristezas……ahora es lo que me toca…jajajaj.

      Este pajarillo existió y no sabes la de sonrisas que me arrancó.

      Besos, Alter.

    1. Ese es el coraje que me dio.

      La libertad de un pájaro no parece tener límites hasta que da con una trampa.

      No me gustó nada encontrarlo en mi casa, te da como sensación de algo malo…..a parte de la tristeza de ser ya un conocido visitante y haberle cogido cierto cariño.

      Besos, Isa.

    1. Este día estaba triste y fue lo que me salió. Igual podía haber contado los hechos desde un angulo más positivo pero creo que mis hormonas y sus jugarretas no me dejaban.

      Besitos, nube.

Te escucho...

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